MASHA No puedo apartar la vista de la vista de la mujer que por años fue mi confidente. Mi compañera de locuras. Le conté parte de mis secretos, lloré junto a ella. Susan no me mira, mantienen la vista en algun punto de la habitación. Es como si su cuerpo estuviera aquí, pero su mente estuviera en otro lugar. —¡¿Qué es todo esto?! —grita Simón a mi lado— ¡Padre, explícame! El señor Praga hace una mueca de fastidio. Ni siquiera le dirige la mirada a su hijo. Su indiferencia es tan absoluta que me revuelve el estómago. Como si todo esto no fuera más que una molestia insignificante para él. —¿Susan...? —murmura dolido Simón. Por primera vez desde que entramos, Susan levanta la mirada. Hay algo ahogado en sus ojos. Dolor. Desespero. Pero se desvanece en un instante. Como si no pudiera

