MASHA Me retiene con una fuerza que me quita el aliento, sus dedos presionando mi cadera mientras su cuerpo, aún herido, se cierra sobre el mío como si fuera un depredador acorralando a su presa. Su aliento roza mi oído, y aunque intento no temblar, no puedo evitarlo. —¿Vedi? Sei bellissima quando lotti, gatita —murmura Eros, su voz grave teñida de un deleite perverso. El arma recorre la parte interna de mi muslo el cañón. Mi respiración se entre corta, cuando sigue recorriendo mis muslos con ella. El pulso se me dispara, cuando el cañón llega a mi coño. Con la punta lo masajea, haciendo la presión justa logrando que se me escape un suave gemido. Cuando me arqueo lo aleja un poco. —¿Qué mierda estás haciendo? —gruño, aunque mi tono suena menos desafiante de lo que esperaba. —Estoy

