Llegada inesperada

4802 Palabras
Temprano suena el timbre de la puerta de casa. Al abrirla me encuentro con Andrew, el mayor de mis cuatro hermanos. -Hola preciosa. ¡Te extrañé tanto! –Lo miro sorprendida -¡Hola! ¡Qué lindo que hayas venido! –me tiro a sus brazos Entra con su bolso al hombro y una sonrisa radiante en la cara hasta que ve a Bruno dormido en el sofá. Pone cara de pocos amigos. -Un amigo que me acompañó anoche después del baile. –Miro a mi adorado hermano poniendo mi mejor cara de santa- Tranquilo, tiene novia y está comprometido. Ya sabes lo que pienso de meterme entre las parejas. Para no despertar a Bruno nos instalamos en la cocina. Charlamos por un largo rato pero sé que su visita tiene un motivo. -Vamos decime la verdad ¿Por qué la visita? -Te voy a decir la verdad. –Se pone serio. Mierda esto no me va a gustar- Papá quiere que vuelvas, arregló tu compromiso para fin de año. -Pero él prometió que tenía hasta los veinticinco para encontrar el amor de mi vida. Me faltan más de dos años. ¡No es justo! -Lo sé, pero tu prometido quiere adelantar las cosas. -Ni siquiera lo conozco. Puede ser un viejo malvado, panzón y feo. Jamás me enamoraré de alguien así. -Soraya, conoces tus obligaciones con la familia. Sos una Mac Leond. -Pero papá me dio su palabra –me echo a llorar -Por favor no llores. Sabes que traté por todos los medios retrasar esto pero nuestro padre es intransigente, cuando se le pone algo en la cabeza no para. -¡Y mentiroso! No me quiero casar con un extraño. -Entonces consigue enamorarte y casarte antes de fin de año. -No puedo creer que en el siglo que estamos todavía se sigan haciendo matrimonios por conveniencia. No soy más que una mercancía de intercambio. -Soraya Mac Leond ¡No hables así! -Es la verdad -Mira, para que te quedes tranquila averigué algo sobre tu prometido. Te traje algunas fotos. También sé que está estudiando ingeniería industrial y que es un buen hombre. Miro las fotos. Es un hombre joven de unos treinta años, rubio, de ojos claros, fornido, bien parecido. Pero no es mi tipo. Sé que no seré feliz con este hombre. No puedo dejar de llorar. Andrew me consuela pero sabe que no hay salida. -¿Y vos, ya conseguiste el amor de tu vida? -A mí me han dado un año más. No tengo apuro ni pretendo a ninguna de las hijas de los ascendados. Por lo que al no haber interés de por medio, no tienen apuro conmigo. Pero tu enlace, lamentablemente para vos, sí tiene interés y muchos. -¿Qué voy a hacer? No creo conseguir un marido para antes de fin de año. Y al idiota que creí que era mi amor de por vida terminé encontrándolo en la cama con una zorra. -¡Soraya! ¡No te permito que hables de esa forma! Tenes que cuidar tu vocabulario. -Perdón -¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!”, pienso. Porque con mi hermano mayor no puedo decir groserías. -Tengo más malas noticias.–Se me desfigura más la cara- Le han llegado informes a papá que te asaltaron no hace mucho y que estabas sola, por lo que te pondrán seguridad continua. -¡Así menos conseguiré marido! ¡¿Cómo pretenden que alguien se me acerque si tengo dos gorilas todo el tiempo siguiéndome como mi sombra?! ¿En qué cabeza cabe? ¿Es esa la idea de libertad que tienen? ¡A la mierda todo!¡Renuncio a mi título! ¡No lo quiero! ¡No quiero nada de nada! –estoy fuera de mí -¡Soraya por favor tu vocabulario! –Grita- Pensá antes de hablar. No es algo a lo que puedas renunciar. -Entonces desapareceré. Nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero. Entendés que tengo que entregarme física y mentalmente por primera vez a un extraño. -Lo sé. Lo sé. Sé cuán duro es. -¡No! ¡No lo sabes porque no tenes que hacerlo! Vos ya estuviste revolcándote con mujeres. -Soraya te lo advierto. -Soraya nada. ¡Andate! ¡Quiero que te vayas! Y decile a papá que no lo haré. No me voy a casar. Mi hermano se levanta, me besa en la cabeza y me deja sobre la mesita una tarjeta con los números suyos de contacto. -Cuando estés más tranquila hablamos. Le cierro la puerta en la cara. Sé que eso lo enoja mucho. Mi rebeldía se detesta. Él quiere que sea una damita sumisa y obediente, pero yo soy todo lo contrario. ÉL siempre estuvo en contra de mi decisión de estudiar lejos de la familia y de mi libertad. Seguro está feliz de que mi papá haya acelerado los planes de boda. Me quedo con la frente apoyada en la puerta. Las lágrimas no cesan y no puedo pensar con claridad. De pronto siento unos brazos que me voltean y me abrazan. Me apoyo en su pecho y sigo llorando. Me levanta como a una pluma y me lleva a mi cama. Se acuesta conmigo y me consuela. Por un largo rato nos quedamos abrazados. Hasta que por fin puedo dejar de llorar. -¿Estás más tranquila? -Sí. Gracias por consolarme. -Escuché todo lo que te dijo tu hermano. ¿Es verdad que te tenes que casar por compromiso con alguien que no conoces? -Por eso te dije que te entendía cuando vos me contaste que estás en la misma postura que yo. -Lo mío es distinto. Puedo romper ese compromiso cuando quiera. -Yo no. ¿Qué voy a hacer? No quiero casarme sin amor. -Tal vez cuando lo conozcas te enamores de él o le tomes cariño. -No puedo tener mi primera vez con un extraño -¿Sos virgen? –se sorprende -Claro. Esa es una de las condiciones básicas de todos los acuerdos importantes en nuestra familia. Lo veo pensativo. -Pero no lo pareces. Se te ve tan liberal, desenvuelta. -No voy gritando a los cuatro vientos mi condición. Tampoco es un crimen. –Me levanto de la cama -Es decir que ¿nunca has estado con un hombre? –Está realmente sorprendido -No ¿Sos sordo o corto de entendimiento? –Estoy ofendida Salgo de la habitación y me encierro en el baño. Después de darme una ducha rápida, me dispongo a salir. Él me acompaña, hasta que me doy cuenta que está a mi lado. -¿Qué haces? -Te acompaño. -Pero no quiero que estés conmigo. Voy a hablar con mi hermano. Tengo que disculparme y tratar de convencerlo para que logre ganar tiempo. -Pues soy tu respaldo. Sin ganas de pelear lo dejo que me lleve en su auto. Llegamos al hotel en donde se hospeda. El Sheraton de Buenos Aires. Pregunto por él en la entrada y lo veo con tres hombres sentado en unos sillones. Al verme se levanta y se acerca para abrazarme. Luego lo mira a Bruno -Buen día, mucho gusto soy Bruno Sinclair –le tiende la mano -Andrew Mac Leond. Pasen estábamos por almorzar pero si gustan lo hacemos solos. -Me gustaría mucho –respondo. Pasamos al restauran del hotel. Es muy elegante y sofisticado. Su personal está púlcramente vestido y son todos muy atentos. -Cuénteme señor Sinclair. ¿Qué lo une a mi hermana? -Somos buenos amigos. Y como buen amigo la acompaño. -¿No tiene otras intenciones entonces? -Por el momento. -Mi hermana me contó que está comprometido. -Es largo de contar y creo que Soraya quiere hablar de ella y no de mí. -Pero todo hombre que se acerca a mi hermana me interesa. -¿Cómo su novio anterior? ¿Lo conocía? –Esas preguntas crispan a mi hermano -No tuve el honor -Pues no se pierde de mucho. -Andrew necesito que hables con papá. –Interrumpo la lucha de machos- No puede apurar el compromiso. Tiene que cumplir su palabra conmigo. Es sagrada. ¿Cómo voy a creer en los demás si no puedo confiar en su palabra? -¿Por qué no vas a visitarlos y tratas de convencerlo? -Porque tengo obligaciones. Tengo trabajo y estudio. -Tu trabajo lo has conseguido hace solo unas semanas y no comienzas el semestre hasta abril. Puedes conseguir otro trabajo. Él podría acompañarte –señala con el mentón a Bruno -¿Él? ¡No! ¡Olvidate! Es mi amigo pero tiene sus compromisos también. -Pues yo no puedo hacer más. Me paso las manos por el pelo con desesperación. Quiero desaparecer del mapa. Estoy a punto de levantarme para irme pero Bruno me sujeta la mano y me obliga a sentarme -No seas descortés, tu hermano se ha tomado la molestia de venir hasta aquí para hablar con vos. Por lo menos podés almorzar con él. Paso mi mirada de uno a otro hombre. Vuelvo a tomar mi lugar y respiro profundo. Esto es raro. La comida está deliciosa pero la compañía es una tortura. No veo el momento que se termine todo para salir de tiro. Pero parece que Bruno y Andrew se llevan muy bien y no dejan de hablar. Cansada por tanta testosterona, me levanto para ir al toilette. Me lavo la cara, me arreglo el cabello y salgo. Mientras voy caminando veo a un par de hombres que me observan. Sé que mi pinta no es la adecuada para este lugar pero tampoco es para que me miren como bicho raro. -¿Ya nos podemos ir? –digo ni bien alcanzo la mesa -Sí –Bruno se levanta -Me quedaré toda la semana. Tal vez me puedas llevar a conocer un poco. No vengo muy seguido. -No salgo mucho –respondo -Pues no es lo que me han informado -¿Me han estado siguiendo? – ¡Increíble! -Yo no. Personal idóneo que hasta ahora se han mantenido al margen pero que a partir de ahora los verás. -¡Por favor! Lleguemos a un acuerdo –suplico- No quiero que me persigan por todos lados. -Dime –suelta mi hermano con pocas ganas -Que sigan en las sombras como hasta ahora. Si estoy en peligro que hagan su trabajo. ¡Por favor! Ya estaré en una jaula cuando me case. Déjame vivir lo que me queda de libertad tranquila. –Tengo que negociar. Andrew es un hueso duro de roer. Es estructurado y autoritario. -Lo pensaré. -¡Gracias! Te quiero. –Sé que lo hará. Siempre logro todo lo que quiero. Aunque con mi padre es otro cantar. Al salir del hotel Bruno me toma de la mano y me detiene. -Podes explicarme toda esta locura del casamiento, la seguridad y tu familia. -No es algo que te incumba, gracias por acompañarme. Dispuesta a aprovechar al máximo mi libertad me tomo un taxi y me voy hasta una casa de motos. Bruno me sigue con su auto. Al ver dónde paramos sale del auto de un salto. -¿Qué vas a hacer? -¿Qué más? Comprar una moto. La tuya me gusta pero es muy pesada para mí, así que busco algo veloz y acorde a mi físico. -¿Estás loca? –Luce sorprendido -No. Ya que no necesito trabajar, ni estudiar porque tengo mi futuro totalmente arreglado disfrutaré lo que me queda haciendo todo lo que me da la gana. Un hombre se acerca y nos ofrece su ayuda. Mientras dice las características de cada máquina yo solo escucho la voz en mi interior. Hasta que veo la que me gusta. Una hermosa Kawasaki Ninja 650 rosa y blanco. -Quiero esa -Señorita, esa moto está… Se calla al ver mi tarjeta negra. -Puede hacerlo en un solo pago. Quiero probarla -Claro, ya le traigo las llaves. –Una sonrisa se dibuja en su cara Bruno trata de hacerme entender que es una locura, pero yo no quiero escucharlo. El vendedor trae las llaves. Me subo, la arranco y siento el motor ronronear entre mis piernas. Es como montar el mejor pura sangre del mundo. Salgo despacio para tomarle la mano. Una vez en la calle la acelero y salgo como rayo. El viento en mi cara, la velocidad y la sensación de libertad que me acompaña es única. Doy varias vueltas por los alrededores hasta que decido volver a la agencia. -Me la llevo. -Soraya, por qué no lo pensás un poco. -No tengo nada que pensar. El hombre hace todo el papeleo con rapidez. Firmo todo y salgo dispuesta a disfrutar de mi libertad. Pero Bruno no me deja. -Mira. Mejor te llevo yo a tu casa y mañana o pasado venimos con mi moto a buscarla. Además de seguro habrá que hacer algún papeleó extra –Lo mira al hombre que me vendió con cara de asesino. Éste asiente. -Ok. Mañana vendremos por mi moto. -Después del trabajo. -No. Por la mañana. No pienso trabajar más. ¿Para qué? Prefiero pasar el año disfrutando totalmente de mi libertad. Total mis padres pueden costear todos mis caprichos. No te preocupes. -Creo que tenes que calmarte y pensar con claridad lo que querés hacer. -No tengo nada que pensar. ¿No escuchaste a mi hermano? Tengo hasta fin de año para disfrutar. Así que si no te molesta, me gustaría empezar. -Vamos. Te llevo. Durante el viaje no digo nada. Mi cabeza no da abasto con toda la información que me dio Andrew. Al llegar a mi casa no dejo entrar a Bruno. -Creo que será mejor que en adelante no tengamos contacto. Eso evitará que te metas en problemas por mi causa. -Pero quiero estar cerca de tuyo. -Pues yo no. –Cierro la puerta sin darle la oportunidad a réplica. Estoy muy enojada y me desquito con él. Subo a mi departamento y llamo a mi madre en Escocia. Después de hablar un rato con ella me doy cuenta que no tengo salida. O me caso antes de fin de año o me casan en mi tierra. Creo que nada peor me puede pasar. Cuelgo totalmente enojada con ella y con toda mi familia. Pienso que lo mejor es por unos meses hacerles creer que acepté mi destino y mantener las apariencias. Aunque ya tengo pensado mis últimos meses de libertad tales y como dice la palabra: de libertad. Además mientras trabajo podré preparar todo sin levantar sospechas. El lunes temprano suena mi portero. Bruno pasó a buscarme para llevarme al trabajo. Quiere asegurarse que no cometa una locura. Con mi mejor sonrisa subo a su auto y me deja en la puerta. Lo despido con un saludo de mano y entro. Durante el día hago lo que se espera de mí. Hasta voy por la cafetería y almuerzo con mis compañeros. A la salida invito a Mateo a tomar unos tragos. Él acepta encantado. Cuando Bruno me ve salir con otro hombre no se acerca. Mantiene distancia. Mejor así me evito las presentaciones molestas y los momentos incómodos. Después de un buen rato con Mateo le pido que me acompañe a una agencia de viajes para averiguar unos pasajes. Sin oponerse va a mi lado. Disfruto de su compañía pero creo que es demasiado dócil para mí. Cerca de las ocho nos despedimos, pero antes le pido que le diga al chico de personal que pase por mi departamento para conocerlo. Quién sabe, tal vez él pueda ser mi salvación. Luego vuelvo a mi casa. En la puerta esta Marcos con un ramo de flores. ¡Lo que me faltaba! Hablo con él un momento. Sé que está arrepentido. Así que lo perdono pero le dejo claro que no podemos volver a ser pareja. No lo toma muy bien pero la verdad, no me importa. No tengo tiempo para berrinches. Prometo salir con él el fin de semana. Mientras subo voy pensando qué hacer con este idiota y se me ocurre una idea genial. Será toda una sorpresa. Al llegar suena mi celular. Es Bruno, lo sé y no pienso atender. Así que no dejan de llegar los mensajes. Bruno: ¿Dónde estabas? Bruno: Quiero verte. Necesitamos hablar. Bruno: Mañana te paso a buscar a la misma hora que hoy ¿Desde cuándo se transformó en mi carcelero? Pero no lo voy a permitir. Pienso mis opciones: Me quedo y mañana sigo haciendo el papel de chica obediente o mejor me voy a lo de Tamara y que se sorprenda mañana cuando llegue. Sí, la última poción me gusta, así que le mando un mensaje a ella y llamo un taxi, al que le pido que me espere en la calle de atrás. Preparo algo de ropa y bajo lista para irme a la casa de mi amiga que me espera encantada para una noche de chicas. Ella siempre me recibe cuando lo necesito. Mientras llego a lo de Tamy le mando un mensaje a Bruno Soraya: Gracias por ser tan atento pero no te necesito. No te molestes. Bruno: No es molestia. Me gusta pasar tiempo vos Soraya: Creo que deberías ocuparte de tu prometida. Sé que es un golpe bajo pero necesito espacio. Ni siquiera sé por qué me la tomo con él Cenamos sushi despatarradas en la cama mientras le cuento a Tamara toda la verdad de mi vida. Ella no lo puede creer. Pero me apoya y entiende por qué no se lo dije antes. Hacemos bromas. Después de llorar y reír por largo rato nos acostamos. Durante la noche sueño con la foto que me trajo mi hermano. Tengo pesadillas. Me veo con vestido de novia llegando al altar y este hombre esperándome. Todos están felices pero yo quiero morir. Me despierto varias veces en la noche por lo que no logro descansar. Por la mañana lista para ir a trabajar mi celular no deja de sonar. Mientras salgo para tomar un taxi contesto la llamada número veinte. -Buen día Bruno. -¿Dónde estás? Vas a llegar tarde. -Te dije que no te molestes. No estoy en casa. Ya estoy camino al trabajo. -¿Por qué no me avisaste? -Te avisé pero no entendés. Tengo que colgar. Nos vemos. Por desgracia no tuve en cuenta el tráfico así que ya voy retrasada. El chofer es sumamente antipático y no se apura. Para cuando llego a mi trabajo son las nueve y veinte. Entro corriendo. Pero mi día parece que va a ser de esos bien laaargos. Mi jefe, el idiota mayor, me ve llegar y me hace un gesto indicando la hora en su reloj. Le sonrío y le digo: “El tráfico”. Sin perder tiempo desaparezco. Llego a la oficina y me encuentro a Carla atendiendo a un proveedor muy enojado. Con mi mejor cara me acerco y trato de calmar al hombre que después de un buen rato se calma y logramos atender su pedido. El trabajo se acumula y no damos abasto. Para colmo Jorge nos llama para tener una pequeña reunión. La que no se termina nunca. Estamos durante tres horas re-ideando y planificando una manera de hacer más eficiente el trabajo que se sigue amontonando en nuestros escritorios. Llegamos a la conclusión que es necesario más personal. Tres horas perdidas y con tanta hambre que me comería una vaca entera. Son las tres de la tarde estoy muerta de hambre. No puede desayunar y la reunión nos dejó fuera del horario de almuerzo. Molesta por todo lo del día salgo hasta el almacén de al lado a comprar unas galletitas. Pero me cruzo con el idiota mayor. Pareciera que está dispuesto a seguir cada uno de mis pasos y marcar mis errores. -Señorita Soraya. ¡Qué gusto verla! ¿Ya se va? –dice con ironía. -No señor, voy hasta el almacén por unas galletitas porque tuvimos una reunión y no pudimos comer. -No tarde mucho, o tendré que descontárselo. Salgo sin contestar, porque si lo hago lo mando al infierno. Hoy llegue tarde, discutí con un proveedor, tuve una reunión nada productiva y me encontré con el antipático de mi jefe. Seguro que nada más me puede pasar. -Soraya. ¡Qué bueno encontrarnos! -Señora Elba. ¡Qué gusto! -¡Bien! ¡La que faltaba! -Me contó mi hijo que tuvieron una peleita. Espero puedan arreglar las cosas. Aunque si te soy sincera, no creo que te extrañe mucho. Una chica muy mona lo está visitando muy seguido. Querida creo que deberías llamar a Marcos y disculparte. Seguro te perdona. ¡¿Qué pida disculpas?! ¡Ni en sus mejores sueños! Por mí que se case con ella -Lo haré señora. Quédese tranquila. -Bueno linda. Te dejo. Tengo que hacer la cena para mi adorado hijito -Hasta luego señora. Hasta nunca pienso. Su adorado hijito es un idiota. Nunca le pediré perdón. A esa mojigata se lo regalo con moño y envuelto en caramelo. Llevo bastante tiempo en el almacén, así que agarro dos yogures, le dejo el pago justo y salgo. Increíble. El idiota de mi jefe me está esperando en la puerta. ¡Me está controlando! -Debe dejar las charlas para su tiempo libre señorita Mac Leond. -Solo fui cordial –Respondo con una sonrisa más falsa que moneda de dos pesos. Bueno de tres, porque si hay moneda de dos pesos. Subo tan enojada que hasta las ganas de comer se me fueron. Le dejo el yogur en el escritorio a Carla y me pongo a trabajar. Ella me mira y entiende que es mejor no hablarme hasta que se me pase la rabieta A las cinco ella se va, pero como no quiero dar que hablar a mi jefe me quedo a recuperar el tiempo que llegué tarde. Cerca de las siete todas las luces se apagan. ¡Genial! ¡Otro corte de luz! No sé por qué las luces de emergencia no encienden. Enciendo la linterna de mi celular para buscar mis cosas y poder irme. Pero como es mi suerte no encuentro mi cartera. Hasta que recuerdo que la dejé dentro de uno de los armarios. Camino entre los muebles pero está muy oscuro y varias veces me llevo cosas puestas. Maldigo. Mañana voy a tener moretones por todos lados. Abro el armario y saco mi cartera. En el silencio se escucha un sonido, como si estuvieran moviendo cosas. Apago la linterna y trato de acercarme sin hacer ruido hasta donde escuché que venía el sonido. Ahora dos personas hablan. No logro escuchar lo que dicen así que me acerco más. Están con unas linternas más grandes. Llevan capuchas y bolsos. Tratan de abrir la puerta de la oficina de mi jefe. Me escabullo por donde vine pero me llevo por delante un escritorio y tiro una taza que está en él. Rápidamente me tiro al piso y gateo hasta esconderme debajo de otro escritorio. Los hombres revisan pero al no ver nada vuelven a su trabajo. Temblando como una hoja le mando un mensaje a mi amiga Soraya: Tamara están robando en la oficina. Estoy sola. Por favor llama a la policía. Pongo el teléfono en silencio. Mientras trato de llegar hasta mis cosas para salir huyendo. ¿Dónde están los de seguridad? Agarro mi bolso y me pongo de pie para irme. De golpe todo se puso n***o. No sé cuánto tiempo paso. Me despierto con un terrible dolor de cabeza. Me quiero tocar el golpe pero mis manos están atadas a una silla. -Ya despertó. -Hola bonita. Decime cuál es la clave de la caja fuerte. -No sé. No trabajo en esta oficina. Yo solo manejo papeles. -No te pregunté qué haces –Me da una cachetada que me hace acordar de toda su familia- Pregunté la clave. -¡No la sé! ¿Sos tonto o no escuchas? –Estoy furiosa y con el labio sangrando -¿Cómo te atreves a llamarme tonto? -Pues parece que no entendés mis palabras. Hace solo dos semanas que trabajo acá. ¿Cómo pretendes que sepa la maldita clave? Ofendido me da otro golpe en la cara y maldice. El hombre se da la vuelta, me deja atada, sola y comienzan a probar distintos métodos para abrirla pero nada. Hacen de todo pero nada. Hasta que a uno, el que me interrogó, se le ilumina la única neurona que tiene despierta y le sacan los tornillos a las bisagras. ¡Bingo! Se abrió. Aunque creo que ellos tienen menos suerte que yo, porque la caja sólo tiene papeles. ¡Qué más podría tener! Mientras revisan los papeles, encuentran unos cheques. Se los guardan y se marchan, no sé a dónde, pero no regresan y sigo atada. El edificio todavía sigue sin luz. No sé cuánto tiempo paso así hasta que llega la policía. Tamara entra detrás. -¡Linda! ¿Estás bien? –Corre a abrazarme -Estoy bien ¿Podrías desatarme? Me duelen las manos -Hay cariño –trata de cortar los precintos que tengo en las manos y piernas Una vez libre la abrazo. Todavía me tiembla el cuerpo. Al separarme de ella,de los nervios, comienzo a hablar sin poder parar -¡Gracias Tamy! ¡Gracias! No sé qué hubiera pasado si no llegabas. Esos malditos me sorprendieron y no tuve tiempo de nada. Querían que yo les dijera la clave de la caja fuerte ¿Podes creerlo? ¿Yo? Qué puedo saber yo con sólo dos semanas aquí. -Calmate, ya pasó. -Señorita necesito hacerle unas preguntas –dice un oficial Después de un interrogatorio que poco más me hacen culpable, el policía me deja ir. Pidiéndome que pase por la central a realizar una declaración más amplia. ¡¿Qué más quiere que le diga?! -Agarro mis cosas y voy con usted. -No es necesario que sea ahora puede ir más tarde o mañana. Atrapamos a los dos hombres cuando trataban de escapar de la tesorería. -¡Qué bueno! –respiro aliviada -Mejor vamos a casa, te das una ducha y descansas un poco -Sí mejor me voy antes que se entere el controlador de mi hermano o el acosador de Bruno y me lleven a la rastra al hospital. Los dos son tan machistas, tan cavernícolas, tan miedosos de que algo me pueda pasar. Tan poco optimistas con respecto a mí. Hasta creo que pensarían que yo tuve la culpa de que esos dos entraran a robar. Porqué. Lógico, yo siempre cargo con la buena suerte. -Soraya -No, escucha, de verdad. Creo que esos dos nunca se casarán porque no creo que exista mujer que los soporte. ¿Te imaginas? ¡Pobrecita! Imagina lo que harían si me vieran en este momento mi labio roto y el terrible moretón que debo tener en la cara. Ese idiota me dio una cachetada porque no sabía la clave. Maldito hijo de… -Soraya tu vocabulario El tronar de la voz de mi hermano me paraliza por completo -¿Es mi hermano, verdad? –Susurro haciendo un gesto afligido con el rostro -Sí –dice mi amiga con mímica -¡Diablos! ¡Diablos! ¡Diablos! –Susurro de nuevo mientras me voy dando la vuelta para encontrarme con mi hermano, pero para mayor sorpresa también está Bruno. -¿Estás bien? –Pregunta Bruno acercándose de repente -Sí, muy bien. –Me separo un poco Para mi desgracia la luz vuelve y ambos cambian a una expresión de temor, horror, sorpresa. No sé es difícil interpretar sus rostros. -Estás lastimada. Vamos al hospital a que te revisen –Asegura Andrew -Sí, tenes sangre en la camisa. Voy a matar a ese desgraciado. –Dice Bruno fuera de sí. -No es nada. Sólo fueron dos golpes -¡¿Dos golpes?! –Ruge mi hermano- Ese maldito se atrevió a ponerte una mano encima. Lo voy a desollar vivo. -Hermanito ¡Qué vocabulario! –Me tapo la boca haciéndome la graciosa -Soraya no es momento de payasadas -Vamos. Me di peores golpes y no he muerto. No exageren. –Doy la vuelta y tomo a Tamy del brazo –Vamos Tamara, necesito descansar. En un par de horas tengo que volver aquí. -¡Ni lo sueñes! ¡Tú vas derechito al hospital y luego a la cama! –Ordena mi hermano. -¡Qué no soy una niña! ¡Déjenme tranquila los dos! Se miran y como si se entendieran a la perfección, me toman cada uno de un brazo y me sacan de la oficina. Mi hermano me obliga a subir al auto de Bruno y me llevan hasta el centro médico más cercano. Después de que me atiendan y de evacuar todas sus preocupaciones, me llevan a casa y me obligan a quedarme en la cama.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR