La debilidad del alfa

2449 Palabras
Alec despertó por un apetitoso aroma en la estancia, estiró su cuerpo y dio un largo bostezo. Al sentir la fría cama abrió los ojos y se encontró completamente solo, así que se sentó para frotarse un ojo mientras con el otro veía el reloj de su mesita. Eran las ocho de la mañana y era muy extraño que Magnus se levantara antes que él. Se colocó sus sandalias, una bata de baño y caminó siguiendo el apetitoso aroma que se hacía cada vez más fuerte. Habían pasado tres difíciles meses en los que apenas había podido dormir porque Magnus se la pasaba pegado al retrete por las noches. A pesar de que estaba tomando medicina y vitaminas, las náuseas no disminuían y su esposo lucía cada vez más cansado. Le pidió en varias ocasiones que dejara de trabajar, aun así, era tan necio y responsable que asistía a la oficina para continuar con el desarrollo de sus medicamentos. Inclusive para ayudarlo a descansar movieron sus horarios para entrar más tarde a trabajar. Y después de tres meses con esa rutina, ese era el primer día que Magnus se levantaba más temprano que él. El aroma lo condujo a la cocina que estaba abierta de par en par. Vio a Magnus tarareando mientras cocinaba algo en la amplia estufa, podía ver perfectamente su delgada espalda acaramelada lo que le hizo agua la boca. Tenían mucho tiempo sin tener sexo y deseaba tomarlo entre sus brazos y hacerlo suyo contra la mesa. Magnus volteó hacia un lado y dejó visible ese atractivo perfil. Su mirada viajó directamente al vientre que ese día ya lucía un poco abultado. Todos sus deseos carnales se vieron sustituidos por una ráfaga de amor que le cerró la garganta. En ese tiempo no había perdido oportunidad para mirar ese punto del cuerpo de su esposo esperando deseoso ver crecer su vientre. Quería dejar de hablarle a la piel plana de Magnus y en ese momento que ya llevaba cuatro meses embarazado, por fin se notaba un poco. La oreja de su destinado se movió en su dirección y al voltear a verlo, Magnus se sonrojó y dio un latigazo suave con la cola mientras una sonrisa divertida iluminaba su rostro. Solo en ese momento se dio cuenta de que estaba apoyado en el marco de la puerta agitando su cola como un perro y ronroneando con fuerza. — ¿Tienes hambre? —Preguntó su esposo con esa melodiosa voz que hacía desde que se enteraron del embarazo. Siempre sonaba suave, amoroso y muy tranquilizante. —No —susurró a la vez que sus propios pies lo llevaban al lado de su destinado. Se dejó caer de rodillas y lo abrazó por la cintura para recargar su rostro en el pequeño bulto que sobresalía en el vientre—, el bebé ya empieza a notarse. Magnus rio y ronroneó con mayor fuerza cuando sintió la caricia entre sus orejas. —Y mis malestares dejaron de acosarme, así que intentaré comer algo de carne, ¿quieres desayunar conmigo? Le costó mucho trabajo levantarse y asentir, quería seguir pegado al vientre de Magnus y no separarse hasta que el bebé naciera. «Va a ser difícil al principio, no querrás que nadie se le acerque y estarás sobre él todo el tiempo» las palabras de Jace resonaron en su cabeza. Sacudió la cabeza y se obligó a sentarse en la barra al lado de Magnus. Desde un principio se prometió no ser empalagoso y darle su espacio así que tendría que resistir para no sofocar a su esposo.     ***** Unas horas más tarde, Alec, se encontraba sentado detrás de su escritorio intentando concentrarse en los papeles que tenía al frente sin tener éxito alguno. No podía evitar voltear al laboratorio cada cierto tiempo para ver a Magnus trabajar y asegurarse de que no se hiciera daño. Suspiró frustrado porque ahora más que nunca necesitaba que las paredes no fueran transparentes para poder concentrarse y no estar espiando a Magnus a cada rato. —Alec, ¿terminaste de firmar los convenios? —La suave voz de su secretaria interrumpió su caótica mente. —Lo siento, Clary, no puedo concentrarme, no puedo dejar de ver a Magnus —expresó llevándose las manos a la cabeza. La chica dio un rápido vistazo al laboratorio y sonrió comprensiva. —Al principio también fue difícil para Jace, ¿recuerdas? —Dijo ella entrando a la oficina y sentándose frente al escritorio—, los primeros meses dejó de trabajar para estar conmigo, además, no dejaba que nadie se me acercara. Solo es cuestión de tener paciencia —Alec sabía que estaba siendo muy descortés con Clary al no mirarla mientras hablaba, pero no se sentía capaz de quitarle la mirada a Magnus— ¿te parece bien que mande poner cortinas en tu oficina para que puedas trabajar? Alec enfocó su mirada en ella, definitivamente era muy bueno tener una mente femenina cerca de él porque nunca se le hubiera ocurrido tan buena idea. —Ve a pedirlas y que las instalen hoy mismo —pidió con seriedad innecesaria—… por favor —agregó para no sonar tan grosero. — ¡Sí, señor! —Respondió ella levantándose de un brinco con una gran sonrisa y saliendo a toda prisa de la oficina. En esos momentos era cuando agradecía haberse separado de la empresa de sus padres, su personal era mucho más agradable que la gente que tenía en el otro edificio. Volvió a mirar a Magnus y su garganta se cerró cuando vio que le estaba sonriendo a Cat y agitaba su cola con gracia. Se levantó de su asiento y se dirigió al laboratorio decidido a que regresaría a sus labores cuando esas cortinas fueran puestas en su oficina. Se paró por fuera del laboratorio y miró con atención a su esposo. Lo había visto trabajar una infinidad de veces, estaba acostumbrado a verlo sonreír y seguir con su mirada a esa cola ondulante; aunque ahora le parecía mucho más atractivo, se sentía tan enfermo de amor que creyó que en cualquier momento sería capaz de vomitar un arcoíris. Vio a Ragnor darle un codazo a Magnus quien volteó a verlo. Esa mirada gatuna lo hizo agitar su cola con nerviosismo y comenzó a ronronear sin querer. — ¿Sucede algo? —Magnus lucía confundido cuando salió del laboratorio. —No, solo… —solo quiero recostarme en tus piernas y frotarme contra tu vientre. Apenas se frenó para decirlo— me gustaría saber qué están haciendo. — ¿Seguro? —Cuestionó Magnus arqueando una ceja. Casi suspiró cuando se acercó a él de esa manera seductora que siempre lograba cegarlo. Sin embargo, ahora sintiendo el pequeño bulto contra su vientre solo quería arrodillarse y besarlo. — ¿Me dejarías pasar? —Pidió con voz temblorosa a causa del ronroneo. Magnus sonrió, entró de nuevo al laboratorio, lo vio tomar una bata blanca y salir de nuevo. —Toma, póntela y sígueme. Si quieres tocar algo ponte guantes, no quiero que contamines las muestras —mencionó Magnus con un guiño coqueto. De forma automática se colocó la bata e ingresó al pequeño laboratorio detrás de su esposo muy pegado a su cuerpo. —Alec, ¿quieres que te demos un resumen de lo que estamos haciendo? —Dijo Cat detrás de él. —No, solo quiero verlos trabajar. No recibió ninguna respuesta, y por el silencio de todos estaba casi seguro de que estaban sonriendo porque era muy obvio que solo estaba reaccionando al embarazo de Magnus. En una situación normal, le hubiera molestado ser objeto de risas y bromas privadas, sin embargo, ahora su instinto solo le permitía enfocarse en su omega embarazado. Magnus se detuvo frente a una mesa que tenía líquidos de distintos colores. Una lejana voz en su mente se preguntó si eran compuestos peligrosos como para permitir que su esposo trabajara con ellos. —Nunca te interesaste por ver mi trabajo —susurró su destinado todavía de espaldas a él. —Siempre me interesa saber qué haces —respondió recargándose sobre su omega. Se agachó un poco y olfateó sobre su cuello para inundar sus pulmones con esa esencia de flores que despedía Magnus. — ¿Sabes? —Susurró su esposo enrollando la cola atigrada en su cintura y girando la cabeza para hablarle sobre la oreja—, esa acción normalmente me excitaría y ahora solo me hace cosquillas. El roce cálido del aliento en su cuello acabó con la poca fortaleza que mantenía, ya no podía seguir fingiendo estar en control de la situación. Quería arrodillarse, besar el vientre de Magnus, decirle lo mucho que lo amaba, que era el ser embarazado más hermoso de este mundo. Suspiró echando para atrás sus orejas y lo abrazó por la cintura para hundir su cara en el cuello bronceado a la vez que ronroneaba con fuerza. Cerró los ojos y besó la piel suave mientras su mente se difuminaba convirtiendo sus pensamientos en algo básico. Colores, solo podía ver unos cuantos colores. —Magnus —escuchó la lejana voz de Ragnor. Fue donde se dio cuenta de que todos sus sentidos estaban adormecidos. Todo se escuchaba lejano como si estuviera dentro de un tobogán—. Sabes muy bien que podemos estar sin ti unos días, ¿por qué no se toman un tiempo libre?, si ocurre alguna emergencia te hablaremos. La mente de Alec luchaba por pensar y decir que no era necesario, pero la risa de su esposo lo hundió más en su nube de estupor. —Considero que Jace puede quedarse a cargo un par de semanas, ¿no es así? —Insinuó su destinado apretando la cola alrededor de su cintura. Quería decir que no, que él estaba lo suficientemente bien como para seguir trabajando. Pero su estúpida cabeza lo traicionó cuando asintió con lentitud—, entonces es mejor que nos vayamos. Alec volvió a asentir, aun así, se sentía incapaz de soltarlo. Estaba pensando muy seriamente que tendrían que cargarlos y llevarlos a su casa en esa posición. —Amor —susurró Magnus con su voz omega, lo cual casi le provoca caer de rodillas y hundirse más en el túnel en el que se sentía sumergido—, si no me sueltas no podremos irnos. —Si me hablas así, menos podré soltarte —reprochó contra la marca de su destinado. — ¿Entonces qué hago? —Se burló con su voz normal que todavía sonaba melodiosa para él—, no tengo una voz alfa como para ordenarte que me sueltes. —Tú no la tienes, pero yo sí. Alec suéltalo y compórtate por favor —escuchó a Jace hablar con voz grave por lo que se vio obligado a salir un poco de su burbuja y levantar la mirada, ahora todos los sonidos y voces sonaban claros. — ¿Qué haces aquí? —Gruñó a pesar de que no podía callar su ronroneo. —Clary te vio entrar al laboratorio y me pidió que subiera para ayudarte a salir de aquí —respondió su amigo entrando con lentitud al laboratorio—, te dije que se tomaran unos días, no me hiciste caso y ahora ahí están las consecuencias. Alec apretó su abrazo y volvió a enterrar su cara en el cuello de su esposo. —Necesito que te hagas cargo por unas semanas —susurró embriagado por el aroma a flores—, ahora sácame de aquí que se está tornando muy vergonzoso. La risa de Magnus sonó un poco sofocada así que soltó un poco su abrazo. —Alexander Lightwood —gruñó Jace al mismo tiempo que podía percibir el aroma territorial de su amigo—, suelta a Magnus y sal de aquí. Su alfa interior estaba tan adormecido que obedeció dejando caer sus brazos y enderezándose para ver a su alrededor. Vio con sorpresa que todos estaban por fuera del laboratorio con apariencia nerviosa. Solo Jace, Magnus y él se mantenían por dentro a pesar de que su amigo se veía un poco inseguro de lo que estaba haciendo. —Salgan de aquí —ordenó Jace haciéndose a un lado. Vio a un sonriente Magnus tomarlo de la mano y guiarlo a la salida del laboratorio. Cada uno de los movimientos de su omega le parecía lo más maravilloso del mundo así que se sumergió de nuevo en el túnel donde lo único que podía hacer era mirar ese elegante andar. —No apartes la mirada de mí —pidió su esposo tirando un poco más fuerte de él—. Ragnor, toma las llaves que están en el escritorio de Alexander y alcánzanos en la salida. El elevador estaba abierto cuando entraron solamente ellos dos en él. En cuanto las puertas se cerraron lo vio suspirar y apoyar el cuerpo contra un costado del pequeño espacio, al verlo tenso levantó las orejas y se puso en alerta. — ¿Qué acaba de pasar? —Gruñó recobrando un poco de consciencia al recordar las fuertes feromonas de Jace— ¿quién se cree para enfrentarme? —Tranquilo, cariño, él solo lo hizo para que no terminaras asfixiándome —respondió su esposo en un tono juguetón que no le hizo gracia. Si Jace no hubiera intervenido, era muy probable que en ese momento Magnus estaría inconsciente por su arrebato de cariño. Quiso volver a abrazarlo para protegerlo de todo, inclusive de él mismo; sin embargo, un dedo sobre su pecho le impidió su camino. —No, no, no —canturreó su destinado—, si me abrazas de nuevo no seremos capaces de salir del elevador. Alec azotó su cola en el piso sintiéndose frustrado pues no estaba de humor como para que lo contradijeran. Las puertas del elevador se abrieron y vio a Magnus salir a toda prisa, él mismo se sentía dentro de un sueño cuando lo persiguió por el lobby. En cuanto su destinado subió a la parte trasera de algún automóvil, él brinco dentro del reducido espacio y se recostó en el asiento para colocar su cabeza en las piernas de su esposo y apoyar su mejilla en el abultado vientre. Suspiró al sentirse satisfecho porque por fin pudo hacer lo que había deseado toda la mañana. —Todo salió mejor de lo que esperaba —escuchó a Ragnor que hablaba desde el lugar del conductor. Muy en la lejanía se preguntó cómo había logrado bajar antes que ellos, no obstante, la caricia que estaba recibiendo en su cabello lo hizo perderse de la plática que ellos mantenían, solo escuchaba el sonido de sus voces sin poder distinguir palabras.
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