CAPÍTULO 40Después de despedirme de Mireia, me fui andando hasta mi casa. No tenía nada que hacer y pensé que un buen paseo en solitario me iría bien para pensar. Enfilé paseo de Gràcia hasta llegar a Jardinets. Antes de continuar por Gran de Gràcia me detuve un instante ante la Casa Fuster, el singular edificio modernista de Domènech i Montaner. Según me había explicado Mariscal en una ocasión, el inmueble había sido construido por encargo de Mariano Fuster, un destacado m*****o de la alta sociedad mallorquina, que vivió ahí hasta los años veinte del siglo pasado. Después, el edificio había ido pasando de mano en mano hasta que un grupo hotelero lo adquirió a principios del siglo XXI. Al contemplarlo no pude evitar cierta sensación de desazón. Quizás porque me había calado hondo el espír

