CAPÍTULO 42Me dirigí al despacho de Carreras con una cierta euforia contenida. Era evidente que la muerte de Galán no había sido a causa de un accidente y ahora se podría reabrir la investigación para buscar a la presunta culpable del crimen. Quería conocer hasta el final quién podía tener el más mínimo motivo para causar mal a una buena persona como Alfonso Galán. Carreras estaba al teléfono y me hizo señas para que me esperara fuera. A través del cristal esmerilado pude ver que hablaba acaloradamente durante un buen rato. Cuando finalmente colgó y me hizo pasar, lo vi muy cabreado. —¿Qué coño te pasa ahora, Mercado? —Si es un mal momento, vuelvo más tarde. —En este antro siempre es mal momento —renegó—. Dime. —¿Se acuerda de lo de Alfonso Galán? —No me dirás que te has metido en un

