CAPÍTULO 19El Mariscal aún estaba medio vacío. Eran poco más de las diez cuando me apoyé con Curto en una esquina de la larga barra del bar que precedía a la pequeña pista de baile situada al fondo del local. Después de intentarlo en numerosas ocasiones, al final había convencido al Sonrisas para que se acercara esa noche a conocer el local. Actuaba un grupo llamado The Rocking Stones, que versionaban a los auténticos Stones y que al parecer eran bastante convincentes. Hacía cerca de cinco años desde que un día entrara en El Mariscal casi por casualidad y desde entonces no había dejado de frecuentarlo dos o tres veces cada semana. Estaba cerca de mi casa y me gustaba la música que se escuchaba. Además, había trabado cierta relación de amistad con Mariscal y, desde hacía unos meses, cada j

