CAPÍTULO 9—¿Por dónde empezamos? —me preguntó Elvira—. Porque en el Gayxample hay muchos bares y discotecas. —Buena pregunta —admití—. Tendremos que ir probando. No nos queda otra. Decidimos situarnos en la confluencia de las calles Villarroel y Valencia, en el corazón del Gayxample. Eran poco más de las once y media de la noche y la calle empezaba a poblarse de gente que iba de un lado para otro. Después de esperar un rato, optamos por seguir a un grupo de jóvenes que se dirigía a un local situado en la calle Consell de Cent, cerca de la calle Balmes. Nos acercamos a la barra y pedimos algo de beber, mientras Elvira preguntaba al camarero si había visto al tal Gino. El chico, de buen ver y vestido con una camiseta extremadamente ajustada al cuerpo, no parecía conocer al italiano. Despué

