Tragué saliva, miré a mi hermosa esposa, su carita latina y sensual, sus ojos brillaban un poco. _ ¿Has dejado que dejara su mano en tu cintura, por detrás?_ _Si, por detrás_ dijo ella y sonrió levemente _ ¿Casi en tu culo?_ _Casi en mi culo ¿hice mal?_ dijo _Claro que has hecho mal y lo sabes_ dije y luego nos besamos y a los cinco minutos estaba cabalgándome la polla, con la bata de toalla bien abierta y mi boca yendo de un pecho imponente y pleno al otro. _Ay mi cielo, sí que te calienta todo lo de este señor_ dijo ella, me había corrido dentro de su coño, Andrea estaba despatarrada en el sofá, sus torneadas piernas una sobre otra, mirándome extrañada. _ ¿De verdad has dejado que tocara tu cintura?_ _Fue solo un momento_ dijo ella _ ¿Cuánto duró ese momento?_ _No lo sé, dos

