No siempre resulta fructífero hablar de los sentimientos hacia otras personas, ese era el caso de Prescott que después de su despliegue de macho enfurecido, quedo a solas en su recámara sopesando su imbecilidad. Era cierto que su mundo jamás iba como debía o según un esquema que tuviera en mente, siempre sufría de desviaciones desde que ciertos personajes aparecieron en su vida, y esta últimamente lucia menos gris. Pero también se descubrió siendo descuidado y olvidando su inteligencia, sus emociones que eran las que últimamente le regían eran en sí una forma loca de dejarse guiar. Quería que ciertas cosas y personas permanecieran en su vida, pues debía hacer algo al respecto, ya había aclarado las cosas y despejado todos los malos entendidos. Lo que seguía, dependía en un 50% de él,

