Simplemente no había nada más que hacer. Ryan había dejado en claro que no tenía límites cuando se trataba de conseguir lo que quería, y Mia no iba a tolerarlo. Esta era la única salida. Mia se despertó el lunes por la mañana con un propósito renovado: redactaría su carta de renuncia y la entregaría ese mismo día. Planeaba dársela a Diana más tarde. Como jefa de Recursos Humanos, el proceso sería más rápido si lo hacía a través de ella. Mia quería que todo estuviera resuelto cuanto antes. Se sentó en su escritorio con un bolígrafo en la mano. Sabía que debía mecanografiar la carta, pero escribirla a mano primero le ayudaría a procesar mejor sus pensamientos. Haría que todo se sintiera más real. Independientemente de su decisión, tendría que trabajar hasta finalizar el mes; así lo estip

