Era viernes. Evelyn estaba furiosa mientras estaba sentada en la sala de estar, viendo como el reloj avanzaba lentamente hacia las siete en punto. Roman la había dejado varada aquí cuando sabía perfectamente bien que era una pesadilla encontrarlo en un mapa. Ella le había dado el beneficio de la duda porque tal vez, por un cambio, había experimentado los mismos problemas que el resto de los simples mortales como ella enfrentaban cuando los negocios cerraban durante el fin de semana. Tal vez él había tenido que esperar a que la compañía de remolque volviera a abrir para los negocios. Pero ahora era un viernes sangriento. Una semana entera había pasado desde el día en que la recogió en la ciudad y luego usó las respuestas de su cuerpo para mostrarle que él era el jefe. Le hab

