Evelyn estaba entumecida cuando llegó Roman. Maldijo a su estúpido cuerpo por reaccionar a él, pero tuvo demasiado miedo para abrir la boca. No, no tengo miedo. No valía la pena empezar a discutir con Román ahora que le había dado otra razón más para entregar su renuncia. Su copia del contrato estaba en su mesita de noche. No podía apartar la mirada de él mientras la ducha estaba corriendo. Aún estaba oscuro afuera, a diferencia del jueves cuando él se había ido después del amanecer. O sus viernes seguían siendo iguales o ella había sido engañada. Era como dormir con dos personas diferentes. El Romano del jueves no había sido nada como esto. El Romano del jueves no la había hecho sentir usada. No fue hasta que él había salido, de todos modos. Lo habían discutido antes.

