Nicholas Me bajo del taxi con los ojos fijos en la entrada del hotel, mientras una tormenta de preguntas y frustración me golpea por dentro. No entiendo por qué Lila me dejó plantado. Al llegar a la recepción, pregunto por ella, pero no obtengo ninguna respuesta útil, así que decido ir directamente al restaurante. Ahí está. De espaldas a la entrada. Respiro hondo, intentando aplacar el enojo y la inquietud que hierven en mi interior. Cuando siento que lo he controlado, entro y me acerco a ella. ―Me dejaste plantado― digo con tono firme. Lila levanta la vista, y veo en sus ojos una mezcla de sorpresa y una incomodidad apenas disimulada. ―Es lo mejor, Nicholas― su voz es baja, como si quisiera que el peso de sus palabras se quedara ahí, entre nosotros―. No tiene sentido complicar las

