El comedor es más ostentoso que la oficina principal, mucho más, innecesario para un comedor, pienso yo. Las paredes están decoradas con una especie de alfombra color vino tinto, con trazos dorados; las sillas de la mesa, hechas de madera, están bordeadas de una manera tan precia y perfecta que me imagino las miles de horas que debieron de haber pasado tallándolas, la mesa más de lo mismo, pero el gran candelabro que está sobre ella es lo más exagerado que he visto desde que llegué a Oz: está hecho de millones de fragmentos de un vidrio que parece muy frágil, y delgado. Cuando llegamos a la altura de la mesa me doy cuenta de que está tan llena de comida que podría alimentar a toda un arca, pero parece que no soy el único que nota eso de eso. —Egoísmo y supervivencia —dice Pol, mirando l

