Me disculpo y voy al baño, necesitaba sacar esas lágrimas que estaban a punto de salir enfrente de los demás. Me encierro y lloró desconsoladamente, mi maquillaje se corre y la verdad que me veía horrible. Llamé a Mateo para decirle que me regresaba al hotel, ya que no me sentía bien. —No es algo que no supieras, y no te irás al hotel. Recuerda que estás trabajando— es lo único que me dice y después cuelga la llamada dejándome desorientada. Deje el teléfono encima del lavabo e intente limpiar mi rostro arruinado por esas lágrimas amargas hasta que siento la figura de Nicolás a mis espaldas. —¿Por qué lloras? Lo miré como tonta y mis ojos otra vez empiezan a llover al tenerlo tan cerca de mí. —No puedo con esto, Nicolás. —El amor hace magia y tú me amas. Debería ser suficiente y tene

