Advertencia: Este capítulo contiene contenido violento, lenguaje inapropiado y podría perturbar a algunos lectores, por favor preste atención. -¿Porque te escondes?, sabes que con ese olor a sangre cualquiera puede encontrarte- dijo Astrid -¿Esconderme?, no querida, yo nunca me escondo- contestó el empalador -¿Quien te libero? -Eso no te lo diré, pero si te diré que retrocedas. -¿De qué hablas? -No es alguien con quien el Diablo quisiera cruzarse, si entendés lo que digo. -Al menos dime ¿porqué estás aquí? -Para matarte claro, escuche unos rumores de que tu sangre es especial. Astrid solo lo miró mientras él sonreía, se lanzó sobre Astrid, extendió sus manos y de sus palmas la piel comenzó a abrirse y surgió dos largos huesos afilados, ella logró esquivarlo y ataco con su guadaña

