UN NUEVO AMIGO

2684 Palabras
Pasaron varios días en lo que Astrid se acostumbrara a su cuarto, tenía el tamaño de una casa familiar y un guardarropa que podía estallar, ese lujo jamás se imaginó tener, pero lo más difícil era memorizar el camino de su habitación a la salida, mientras ella caminaba pudo escuchar a la servidumbre del castillo susurrar en los pasillos haciendo eco en el castillo. Servidumbre: - ¿Lo oíste?, dicen que el general Paimon volvió, pero con heridas muy profundas. -Si lo oí, es una escoria de los mundos bajos y ha matado varios que lo cuestionaron en decisiones de batallas, no morirá pero si sufrirá. -Si, también espero que sufra. Astrid dio unos pasos -Disculpen, pero ¿Dónde se encuentra el general Paimon? - ¡Princesa!, se encuentra en la biblioteca joven ama, pero no es recomendable que entre, los demás tenemos prohibido entrar, pero es un demonio peligroso, es recomendable alejarse de él– dijeron mientras las mujeres de la cocina la miraban -Agradezco su advertencia- Astrid se dirigió a la biblioteca dispuesta a ayudarlo y mientras se acercaba al pasillo podía oír cómo alguien se arrastraba y gemía de dolor, abrió la puerta y caminó hacia el centro de la biblioteca donde se encontraba la mesa del mapa, observó un rastro de sangre que cada vez aumentaba más y se dirigía al fondo de la biblioteca, siguió el rastro y lo vio, un joven de tan solo 26 años con la ropa desgarrada, su piel con cortaduras muy profundas, intentaba arrastrarse al área médica de la biblioteca pero avanzaba de una forma muy lenta, Astrid se acercó a él sigilosamente. -Si sigues así te desangras más- dijo Astrid, acercó su mano derecha para ayudarlo, pero él al escucharla volteó rápidamente y le produjo un profundo corte en la mano, Astrid se alejó de él. -Si te acercas más te matare, ¡lárgate! - Contestó Paimon adolorido y furioso -Solo quiero ayudarte. -¡Dije que te largues!, eres igual a los demás solo vienes a verme sufrir, lárgate antes de que te maté- dijo Paimon mientras expulsaba sangre de su boca. Astrid aun así decidió acercarse, pero de una forma más rápida, aprovechando la debilidad de Piamon, se abalanzó sobre él, pero la atravesó con un cuchillo, aún así ella levantó su mano y con la fuerza que le quedaba logró colocar su mano sobre la boca de Paimon, en la que él le produjo un profundo corte para curarlo y pronunció unas palabras antes de caer inconsciente. -Soy la hija del Diablo- lo último que vio fue los ojos grises de Paimon abrirse de par en par, mientras sus heridas desaparecen. Astrid despertó en su habitación y al girar la cabeza vio a Ira, sentado a un lado de su cama y se levantó con rapidez y tocó su estómago, pero notó que no tenía ni una herida. -Recuerda Astrid, tu sangre cura cualquier cosa, lo que sea incluyéndote, solo me quede para explicártelo, el general Paimon está muy arrepentido por lo que sucedió y cuando tenga la oportunidad o el valor te pedirá disculpas apropiadamente- dijo Ira mientras sonreía. -No es necesario, está bien- Dijo Astrid nerviosa -¿Acaso le tiene miedo? -Bueno, intentó matarme. -La verdad no puedo culparte, te apuñalo, pero es que Paimon no está acostumbrado a que lo ayuden, jamás recibió tal propuesta y menos de un extraño, él aprendió a sobrevivir solo donde fuera, también llegó hasta donde está con su propio esfuerzo y claro, también con muchos ángeles y demonios malintencionados que intentaron hacerlo retroceder, pero el odio y el dolor fueron sus mejores aliados para triunfar, ahora es uno de los que forman la orden de los demonios, es el general de 200 legiones de demonios una de las más grande y el más leal al Diablo, su padre también lo reconoció como príncipe del infierno, tiene diversas habilidades que se le fueron otorgadas por su padre señorita, todo lo logró él solo, así que perdone su hostilidad, no está acostumbrado a que alguien sea bondadoso o bueno con él. -Si, lo entiendo, pero aun así, me mantendré alejada solo por precaución. -Entiendo, él entrena todas las mañanas con su ejército en el campo de entrenamiento al lado del castillo, solo para que lo sepa. -Gracias Ira, me gustaría descansar si no es molestia. -Por favor, discúlpeme, si necesita algo llamame o a las sirvientas, descanse- Ira se alejó y cerró la puerta Astrid solo podía pensar en cómo se arriesgó y que debía tener más cuidado, desde ese día decidió mantenerse alejada de Paimon, entiende su sufrimiento y el orígen de su desconfianza, pero eso también lo volvía peligroso, hasta no poder confiar en él, ella se mantendría al margen. Astrid evita acercarse a Paimon cada vez que lo ve, siempre que salía a leer un libro, caminar, relajarse o cualquier otra actividad al aire libre, podía oír o ver a Paimon lo que le daba motivo suficiente para regresar de inmediato a su habitación, para su mala suerte su balcón daba directo al campo de entrenamiento donde está Paimon y sus hombres, esto provocaba que evitará utilizar su balcón. Paimon se propuso disculparse adecuadamente con Astrid, no solo por intentar matarla, sino también por ser hija de su amo y porque Astrid, será reina algún día y eso significa que será ¨su reina¨. Al inicio de la semana en el infierno, Paimon comenzó a caminar en los recesos del entrenamiento, la encontró sentada en una banca mirando el cielo, él se acercó a ella, en ese momento Astrid bajo la cabeza como si sintiera a un depredador acechando, al girar la cabeza lo vio mirándola fijamente, Paimon levantó la mano para saludarla, pero antes de que pudiera hacer la señal, Astrid desapareció con rapidez, de alguna forma, cada vez que la encontraba ella desaparecía de su vista y así transcurrieron dos semanas. Mientras Astrid se quedaba en su habitación estudiando los diferentes demonios del infierno y sus orígenes, Ira se dirigió al campo de entrenamiento. -Paimon, ¿Podemos hablar? - Preguntó Ira con un tono serio -Claro- Contestó Paimon, intentando adivinar de qué se trataba la conversación que quería entablar Ira con él, -¿Acaso el diablo se enteró lo que le he hecho a Astrid?- Sintió un escalofrío subiendo por su espalda hasta su cuello, -Es increíble como el simple hecho de pensar en él, me produce escalofríos- Pensó Paimon -¿Sabes que Astrid ha estado encerrada en su habitación por dos semanas?, cada vez que sale a explorar vuelve rápidamente como si algo le molestara al grado de tener miedo- Ira miró directamente a los ojos de Paimon -Estas diciendo que ella ¿Está evitándome? – Preguntó Paimon confundido -No solo evitándote, te tiene miedo y desconfianza. -Pero intenté disculparme, pero cada vez que me acercó, ella se aleja de alguna forma como si estuviera dos pasos delante de mí. -Paimon, intentaste matarla y ni siquiera esperaste para que se recuperara, solo me la trajiste y te fuiste ¿Cómo crees que ella despertó después de lo que sucedió? -En el infierno uno sobrevive como puede y de esa forma se forja, ella no puede ser tan débil es demasiado disculparme con ella, una puñalada no es nada comparado con lo que sucede fuera de su castillo. -¡Ella no nació en el infierno, no murió y fue condenada a estar aquí, ella murió por voluntad de Dios y el Diablo, la escogieron entre miles de millones para que decidiera el destino de la humanidad y lo descubrió de la peor forma! solo pasaron tres semanas, aún lo está asimilando y lo hace bastante bien, entiende ella en el fondo sigue siendo humana y debes tener paciencia con ella. -Lo intentare ¿bien?, la paciencia es lo que menos tengo en este momento, logré tomar las tierras del Oeste, pero aun sigo pensando como pasar la primera frontera de los demonios de la oscuridad, casi se cumple un mes y no logre avances en esto, Andras tampoco logró pasar su frontera y la mitad de su ejército cayó, casi los exterminan a todos, el Diablo quiere arrancarme las bolas y te aseguro que lo ara. - No pareces concentrarte en nada y también pareces más idiota que de costumbre. -Estoy bien y arreglaré las cosas con Astrid ¿Sí?, ya lárgate. -Bien me iré, debo darle sus clases de historia a Astrid. Paimon fue a alimentar a su perro Atena, cada vez que el entrenaba con sus guerreros lo dejaba a un lado encadenado hasta que el terminaba y en el receso le daba de comer, pero esta vez fue diferente, Atena no quería comer, así que Paimon decidido darle de comer al día siguiente pero al día siguiente tampoco comió, algo que comenzó a molestar a Paimon y al tercer día sobrepasó su límite. -Tienes tres malditas cabezas y ¿ninguna quiere comer?, dime ¿Quién carajos te está alimentando? - Preguntó Paimon mientras miraba fijamente a la cabeza del medio. El perro solo bajo las orejas y agacho la cabeza. Decidió al día siguiente dejarlo en el mismo lugar y esperar sobre un árbol la llegada de quien lo estaba alimentando, dejó a sus hombres las 9 horas de entrenamiento y el solo espero y en la segunda vuelta de entrenamiento es cuando apareció, sacó de una cesta tres enormes pedazos de carne y se los dió a Atena, Paimon reconoció en un instante quien lo estaba alimentando y sigilosamente bajo del árbol, camino al lugar, se inclinó detrás de esa persona y le susurro al oído. -Asi que tú eres quien alimenta a Atena. Astrid volteo de inmediato y quedó paralizada, esto era algo que definitivamente no estaba en su agenda, encontrarse con Paimon en una zona donde no había ni un alma. -Y-yo no sabía que era tu perro, lo lamento mucho, me iré y no te molestare más - Astrid se levantó rápidamente pero algo sostuvo su mano con fuerza pero sin lastimarla. -¿Podemos hablar? - Preguntó Paimon, mirándola fijamente Astrid asintió y se sentó a su lado mirando al perro comer. -Escuche que no sales por mi culpa, solo quiero que sepas que lamento lo que sucedió entre los dos y que agradezco mucho que hayas curado mis heridas tan rápido, yo solo quiero decirte que no te haré daño y si podemos estar en paz, sería un peso menos para mi- Dijo Paimon mirándola a los ojos Astrid lo miró formando de a poco una sonrisa en su rostro. -Entonces ¿podemos ser amigos? -¿Amigos? - Preguntó Paimon confundido -Si, ya sabes, para que las cosas no sean incómodas. -¿Por qué serían incómodas? -No lo sé, tal vez porque intentaste matarme. Paimon la miró unos segundos y sin saber porque dio su siguiente respuesta -Si, podemos. -Y ¿Puedo visitar a tu perro? -Se llama Athena, y si puedes. - ¿Y pasearlo? Paimon, suspiro como si las preguntas de Astrid fueran condiciones para perdonarlo -Te daré las cadenas, intenta que no te muerda y no lo pierdas de vista, el suele esconderse muy bien. -Gracias Paimon, lo cuidare. -Salgo a las 22:00 de entrenar, puedes traértelo a esa hora- Paimon se levantó y miró a Astrid como se alejaba con Atena a los campos. -¿Por qué te escondes? Preguntó Paimon -Solo quería ver cómo se solucionaban todo. -Ya estamos bien. -Me sorprende que le cedieras el poder a tu perro. -También me sorprendí. -Oí que son amigos, Paimon tienes a tu primera amiga. -¿Hay algo que quieras decirme? - Preguntó Paimon mirando a Ira, con el ceño fruncido. -Es bueno ver que confías en alguien por primera vez. -¿Confiar? -Si, ella salvó tu vida y después de todo lo que le hiciste, al explicarle comprendió en un instante, en su lugar yo te devolvería la puñalada. -Ella me salvó de sufrir esas heridas, pero no entiendo que esperaba tener a cambio, ¿A mi perro? -Ja, ja eres muy idiota, no, ella solo quería ayudarte. Escucho a la cocinera y la mucama decir que ya volviste y te estabas desangrando, que esperaban que sufras porque te odian. -No me sorprende escuchar eso. -Pero Astrid, fue a ayudarte a pesar de que le advirtieron que eres peligroso, ya sabes como una suicida- Dijo ira con una sonrisa - ¿Por qué? -Porque oírlas hablar así de ti le dio asco, ella parece ser muy amable a pesar de saber lo que le esperaba fue a ayudarte. Paimon volteo para ver a Astrid desaparecer en los campos junto a su perro, -Así que ella me ayudó, sin esperar nada. -Si. -Quiero confiar en ella. -Excelente, entonces no vuelvas a apuñalarla- dijo Ira uniendo sus manos y expresando felicidad. -Tengo que ir con esos idiotas a terminar de entrenar y no lo volveré a hacer. -Adiós, apuñalador. -Muérete- dijo Paimon con el ceño fruncido mientras se alejaba de Ira -Que adorable joven- dijo Ira, vio a Paimon alejarse y sintió que era observado, miró a la punta más alta del castillo y lo vio, una figura oscura y sus ojos negros observándolo desde lo más alto y oscuro, -¿Que es lo que planeas?- Se preguntó Ira, luego se dirigió al castillo. Mientras Astrid se dirigía a los campos con Athena para distraerse unas horas, se sentó debajo de un árbol a contemplar el cielo y ver las estrellas. -Athena, tu dueño no parece tan malo, tiene un lado bueno y ¡Me sorprende que me deje pasearte!, ahora seremos amigos así que espero no arruinarlo y que no vuelva a apuñalarme ja, ja, de verdad espero que no- Habían pasado varias horas, -Estuvimos un buen rato paseando, ¿deberíamos volver no crees? Astrid se levanta con Athena y mientras se dirigían al castillo en el camino, Astrid sintió que alguien la vigilaba como si no importara donde ella fuera, eso la seguía sin ser visto por Astrid, pero si presintió su hostilidad que caía sobre ella, notó que Athena, comenzó a gruñir a la oscuridad, cada vez que veía oscuridad le daba una sensación inquietante lo que comenzó a ponerla nerviosa apresuró el paso hasta que comenzó a correr, estaba llegando al campo de entrenamiento donde logró ver a Paimon sentado esperándola, siempre bajo la luz, evitando cualquier cosa oscura Paimon comenzó a levantarse y mirarla confundido al verla tan nerviosa, comenzó a caminar hacia ella. - ¿Qué te pasa?- Astrid le entregó la cadena de Athena a Paimon y él notó a su perro más nervioso que Astrid -Siento que algo está siguiéndome, pero solo si la oscuridad está cerca, pero bajo la luz es como si algo esperará a que me aleje de ella para atacar- Paimon al escuchar esto soltó la cadena de Athena y se colocó delante de Astrid y su perro atrás de ella, Paimon en posición de ataque, desenvainó sus espadas Dao. -¡¡Enciendan todas las luces!!- gritó Paimon a sus hombres, Todas las luces se encendieron rodeando el castillo, -¡Quiero hombres rodeando el castillo, en las entradas de las fronteras en cada maldito lugar y principalmente en la oscuridad!, tú y yo vamos a un lugar que sea seguro para ti- Paimon tomó a Astrid de la mano y se la llevó a la biblioteca, cerró las puertas y Astrid se sentó en la mesa del centro donde se encontraba el mapa, -Lo que sentiste fue un demonio de la oscuridad, solo cazan de noche y es imposible detectarlos excepto para Athena, son imposibles de sentir hasta que cazan y se impregnan con el olor de la sangre, en ese momento los delata el olor, su fuente de alimento es la carne de otros, lo que aun no entiendo es cómo demonios pasaron las fronteras o a los guardias, puede que no sean detectados fácilmente pero aún hay luz- dijo Paimon intentando pensar una forma en la que hayan cruzado.
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