Agradecí al cielo que el fin de semana había llegado, no debía ir a la oficina, enviaría un par de correos y comunicados, así quisiera moverme no podría, Máximo me había dejado adolorida, debo decir que el también se quedó a cuidarme, era justo por lo que provocó. Pero no todo fue color de rosa, Larissa insistía en hablar con el, su celular sonaba todo el tiempo, ella en verdad era decidida. Después de dos días de insistencia me volvía loca, sé que le enviaba hasta correos electrónicos, el tema de los límites Máximo no se lo había dejado claro. -Máximo por favor contéstale, ya estoy desesperada viendo sus miles de llamadas.- mencioné sentándome en el sillón cerca a la chimenea, habíamos terminado de cenar.- Vi como lo tomó el celular y se alejó, hablaron un par de minutos y volvió, su

