Emiley se empezó a limpiar las lágrimas. —¡Sí!, ¡Síííí! ¡Acepto!— Abrazó y besó a Yarek. Yarek se levantó y empezó a pegar gritos. —Me dijooo que ¡Síííí!.—todos los presentes en la cafetería, empezaron aplaudir. Después de un par de horas, en la cafetería, Yarek y Emiley, se regresaron para la casa de Sara, para despedirse de Yareksito. —Dios te bendiga hijo, nos vemos el fin de semana.—Dándole un beso en el cachete, musita Yarek a Yareksito. El niño se muestra hostil. —Por culpa de ésa fea—señala a Emiley—te vas y nos dejaras otra vez solo. Estábamos bien, antes de que ella llegara. —YAREK, respeta. Emiley será mi esposa y, en el vientre de ella hay un hermanit@ tuyo.—Exclama el padre al hijo. Emiley le hizo un gesto a Yarek, queriéndole decir, que aún no era el momento de contar

