Después de una hora, Aleuzenev logró recopilar todas las piezas faltante para defender a su defendido Roberto Segovia, gracias a la coloración de Derick y, cuando se iba a retirar del restaurante, él la agarró por el brazo y musitó: —¿Te llevo? Ella negó con la cabeza y él insistió: —En plan de amigos. Ella lo pensó y, luego aceptó. Ya solos en el vehículo, Derick Murmuró: —Te llevo para tu casa, el bufete , o la casa de Dylan?. Aleuzenev lo miró sorprendida, por lo último que pronunció y, sin hacerlo esperar musitó: —Para mi casa por favor. Guardaron silencio por varios minutos, mientras una barrera fría e invisible se alzaba entre los dos, luego Derick le subió el volumen a la radio para romper un poco la tensión. Sonó una canción pegadiza, tan pegadiza que pronto los dos estaban ta

