El templo contaba con una terraza que, a la vez, servía de pista de aterrizaje para helicópteros. A diferencia de los modelos que tenía la reina Nadelina, la nave de la Doctrina era de uso exclusivo de la Papisa ya que le permitía trasladarse en cualquier sitio sin necesidad de pistas de aterrizaje. Además, fue construido para funcionar de forma automática, por lo que ni siquiera necesitaba de pilotos. Así es que la mujer, apenas subió a la terraza, activó el botón de un control remito que llevaba en el bolsillo de su túnica y encendió el motor del helicóptero. Estaba a punto de acercarse cuando sintió que alguien la empujaba al suelo. Era Aurora. Ambas comenzaron a rodar, estirándose de los cabellos. Primero, la Papisa se colocó encima de la muchacha y, al rato, Aurora estaba sentada

