III

2024 Palabras
Llegamos a una mansión con demasiada gente; apenas bajamos, el mismo hombre que me protegió al entrar no suelta mi antebrazo con su agarre firme. No me separo de Blackwell, el tiene el borde de mi camisa agarrada y en estos momentos no me importa.  Lo que parece ser un medico entra en la enorme habitación blanca, donde dejaron a Blackwell en una cama llena de polvo. Muerdo mis labios por los nervios y aquí comienza mi terror. Sacarle la bala, implico sangre a lo que se viene millones de arcadas de mi parte, pienso que me dejara salir por aire; pero no me deja ni caminar a menos de tres metros de el.  Blackwell no suelta un quejido, un acto por la bala; solo se inmuta mirar mis expresiones y lo que hare.  — Solo necesita descansar, y no realizar movimientos bruscos — El doctor me dice las indicaciones y lo despido con mi mano. Al voltear, Blackwell esta con ojos cerradas mientras su antebrazo izquierdo tapa su rostro. — Lo lamento... Lamento que te dispararan, y haberte electrocutado y.... Besarte — Lo ultimo lo digo en un susurro, Blackwell sonríe de medio lado. — Me han tratado peor — Aunque lo dice bromeando, algo me dice que es cierto. Miro mis pies por inercia. — Soy totalmente desquiciada, nunca pienso y ahora tu estas así casi muertito y a mi me busca un psicópata que quiere hacerme...  — Stefano se retiro, pero no puedes aparecer —. Empieza a hablar y al ver mi cara de "no entiendo nada". Explica levemente — Hicimos un enfrentamiento publico, oculte tu rostro; pero debemos estar seguros, a la mañana saldremos al escondite — Finaliza para volver a su posición inicial, pero me levanto. — No — Digo y este me mira como si fuera una broma. Luego de meterme en la fuerza en esta mierda mi parte lógica se activa junto con mi valentía.  — No quiero ser participe de esta mierda, Stefano cree que soy tu novia; estaré a salvo, no quiero esto — Digo para señalar todo mi alrededor. — Lo debiste de pensar antes de seguirme como una perra — Apenas finaliza abro mi boca indignada. Veo la puerta detrás de mi y entro dando un portazo. — ¡Idiota! — Le grito mientras me miro en el espejo. Mis ojos están rojos; es un asco y tengo una capa de sudor, que asco. Darme un baño donde puede que me estén viendo es lo peor que he hecho. Pero al salir estoy con la cabeza fría, lo importante. Cuando estoy de nuevo en el dormitorio, Blackwell me mira expectante, el hombre que me protegía me mira con intriga. Como si fuera una bomba de tiempo que esta por explotar. — Dado que soy una perra sedienta de tu pene, me iré de este lugar; no tienes derecho a pensarme — Lo señalo con el dedo y ambos hombres se miran como si fuera una broma. Pero levanto mi mentón como en esas telenovelas lista para no verle su perfecto rostro.  Al intentar salir de la habitación el hombre se interpone. — Grandulón, quítate; no he comido y tengo ganas de matar a alguien — Le digo con ojos asesinos pero este solo puede mirar a Blackwell. — Enciérranos en la habitación, ven en la mañana; yo controlo a la feria — Su tono es amable a comparación, el grandulón se retira y me volteo hacia el. — Nunca pedí que me salvaras, ¿Alguna vez te dije, ¡Oh amado Blackwell salva mi trasero? — Inquirí y este me mira con sus cejas alzadas. — No, entonces lo hiciste porque quisiste, me iré en la mañana; y no veré tu odiosa cara — Cruzo mis brazos y lo veo suspirar repetidas veces. — Tienes un psicópata detrás de tu trasero, uno que te hará sufrir hasta matarte, piensa violarte tantas veces que todo tu cuerpo será irreconocible, no pensaras por el dolor, desearas estar muerta y solo al fin... El lo hará; ¿Eso quieres?, puedo llamarlo y entregarte con el — Su voz dura, esas palabras me cayeron como un balde de agua.  Me quedo en mi lugar y Blackwell intenta colocarse de pie. — ¿Eres idiota?, necesitas reposo si no quieres ser el cojo Blackwell — Digo colocándome frente de el. — Necesito orinar — Dice con simpleza haciendo que lo mire ideando un plan. Al tocar su cintura intenta alejarse pero hago presión. Empezamos a caminar por pequeños pasos; todo su peso esta sobre mi haciendo que me cueste mantener de pie.  Al entrar al ahora pequeño baño, lo veo sacar su... ¡Vaya!, tapo mi rostro hasta que escucho que no sale nada, al abrirlos Blackwell me mira apunto de burlarse de mi.  Lo dejo duramente en la cara y me siento en los pequeños muebles que están justo al lado de el. — Así que, es una ¡Secta! — Exclamando sonriente de que pude descubrir el secreto. — No  — Responde con fastidio. — Debería saber que psicópata me enfrento, puedo ir a la policía; tengo amigos comisarios, aunque algunos quieran tener su sucia boca con la mía; son confiables y tengo amigos sicarios... Creo que siguen vivos  — Empiezo hablar con rapidez. — No — Vuelve a decir haciendo que pierda mi paciencia. — Solo sabes respondes "No"; ese estilo de "soy tan misteriosamente misterioso que te harías un misterio", no va conmigo. Ni siquiera se la razón por la que estamos juntos — Me mira con ganas de matarme, lo usual para mi. — Estas conmigo porque te pueden cortar la garganta — Estoy por replicar pero simplemente cierro mi boca y espero que duerma para poder hacerlo también.  Dormir en un pequeño sofá es horrible, aun mas tener una mirada en tu frente a cada segundo. A la mañana viene el grandulón para ayudar a Blackwell a bajar. Miro mi oportunidad de escapar pero los hombres de ese idiota me rodean.  Subimos nuevamente a la camioneta, y ahora hacerle la ley de hielo es la mejor opción.  — Muy maduro de tu parte, no hablarme para que desaparezca — Blackwell habla por primera vez y le doy la espalda con todas las fuerzas. Lentamente nos acercamos a la playa, nunca había ido a la playa. El aroma es tranquilizador al igual que el sonido.  Llegamos a una casa pequeña con entrada al mar, sin esperar su comentario. Me dejo caer en la arena para poder respirar.  — Blackwell no es tan malo, solo es... — El grandulón se sienta al lado de mi. — Idiota, cascarrabias, estúpido...  — Digo para hacerle reír. — Soy Aquiles — Dice su nombre extendiendo su mano. — Ivy — Nos miramos para sonreír al mismo tiempo. De repente escuchamos el grito de Blackwell llamándolo. Rodeo los ojos cuando este va a su llamado. Apenas entro, tienen una conversación bastante seria que me hace quedar en mi lugar pero Blackwell parece haberme notado desde metros de distancia. — Comeremos, Aquiles vigila la zona — Ok, esta de muy mal humor. Lo noto en la forma que despega su silla con fuerza. Siempre he sido de apetito, y cuando me como toda una pizza mediana. — Era mi comida favorita en el orfanato, cada vez que hacia algo bien nos daban un pedazo  — Digo sin evitarlo y me fijo en su mirada, totalmente serio sin comprender.  — Soy huérfana desde los siete años, probablemente son horribles personas, no sientas pena por mi, yo lo deje de sentir hace mucho; seguramente son hermosas con estos increíbles ojos marrones pero con corazón podrido — Me adelanto como siempre lo hago. — No siento nada — Se atreve a decir para lograr un silencio sepulcral. — ¿Tu nombre de verdad es Blackwell? — Pregunto. — Si... — Es un nombre tétrico, no va con tu imagen — Al decirlo niega su cabeza para intentar levantarse y casi caer. En este precioso momento estoy abrazándolo, todo su cuerpo me envuelve, su cuerpo caliente a bajo de la pequeña tela de vestido. Puedo mirar como aguanta la respiración hasta que dejo de tocarlo. — Sin tocarte, lo entiendo — Digo para alzar las manos. El me mira sin ninguna emoción; es como si intentara descifrarme, créeme que le faltan muchos años; nunca lo lograron, ni psiquiatras.  — Stefano se le vio cerca del bar, no sabemos todavía su plan — Aquiles entra para llevarse el buen poco humor que tenia.  Sube a las escaleras sin inmutarse, y solo nos quedamos Aquiles y yo. Con un aire a incomodidad.  Recuerdo al leyenda y voy hacia a Aquiles y golpeo su talón  que este me mira sin entender. — El talón de Aquiles, deberías estar muerto; no eres el verdadero — Vocifero sacando mi lengua y este me mira con gracia.  Nuevamente debo dormir en la misma habitación que Blackwell. Recuerdo a Chloe y como siempre decía que me movía mas que un huracán, hago una muralla de almohadas. — No hare nada — Blackwell exclama con cansancio. — Es por mi, suelo ser... Un Huaracan — Respondo para acostarme, puedo sentir el calor que inmunda su cuerpo. — Mis padres murieron cuando era un niño, no se cual es peor; muertos o vivos — Las palabras de Blackwell me sorprenden haciendo que quiera indagar. — Si están muertos, es mas fácil seguir adelante; pero que estén en este mismo mundo es solo por una opción, que nunca te han amando... Eso es peor — Hablo con voz baja. — Las personas son un asco — Afirma para entonces tronar mis dedos en señal de apoyo. Puedo ver el techo y como la luz de la luna se hace presente, al igual que mi deseo de dormir. No se cuando me quede dormida, solo se que al despertar todo mi cuerpo estaba casi encima de Blackwell. Suelto un grito cuando su brazo esta entre mis dos pechos, haciendo que se levanten con un respingón mientras me echo hacia atrás.  Caigo de trasero y golpeo mi cabeza con la mesita de noche, puedo ver estrellitas. Pero al ver la erección de Blackwell justo enfrente de mi; grito con todas mis fuerzas mientras tapo mis ojos.  Aquiles entra y se obliga a o reírse y yo salgo corriendo aun con Blackwell llamándome. Estoy con el mismo vestido, y puedo ver como una pequeña camioneta y unos jóvenes montándose en ella. Me hacen saber que es mi única oportunidad. Corro con todas mis fuerzas, pido ayuda y estos me dejan subir.  Cuando pasamos por la casa, Blackwell mira por todos lados con la cara mas terrorífica que he visto, y Aquiles con una herida en su boca.  El regreso es peor, aquel hombre no dejaba de coquetear conmigo y yo intentando no verme por la ventanilla.  Puedo sentir el peligro que se acerca, pero solo necesito escapar de ellos. Mis ahorros están en mi edificio, sacarlo y largarme sin ver atrás. Es fácil. O eso creía cuando me baje en la universidad y Chloe me esperaba con un palo para golpearme. Debía alejarla. — No quiero estar con una puta, porque lo eres; porque no vas y te coges con Clinton en las gradas, seguro todos conocen tu v****a — Lo digo lo suficientemente fuerte para que todos escuchen, me mira sin entender para cachetearme con todas sus fuerzas.  Lo merecía.  La directora no entendía el porque congelaría mi carrera aun cuando me faltaba tan poco tiempo de graduarme, pero debía ser rápida; habían pasado unas tres horas sin saber de Blackwell.  Por un momento creí que lo lograría, por un solo momento. Estaba a las afueras de mi edificio, suspire con alivio al ver que podía empezar de nuevo, como años atrás.  Pero cuando una explosión me hizo volar por los aires sin dejarme sin vista por unos segundos sabia que todo se fue a la mierda, otra vez. Pero aun mas importante, Blackwell bajándose de la camioneta cogiendo su cabeza mientras miraba a todos lados; su rostro de desesperación. ¿Es por mi?
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