La puerta del departamento se cerró con suavidad detrás de su espalda. —¿Cómo estuvo hoy? —Liam se quitó la corbata, su cabeza era un enredo de agobiantes pensamientos y sentía que todo le pesaba. No demoró en tomar a Leo en brazos. —Estuvo bien, mamá. La señora Palmer hizo una mueca y observó cómo el pelinegro se refugiaba en los brazos de su hijo. El niño reposaba en el pecho de su padre mientras hablaba rápido y sin parar. Con una paciencia infinita, Liam escuchaba cada una de sus palabras mientras le acariciaba. —¡Y entonces el dinosaurio hizo rawr! Y, y el otro dinosaurio corrió —soltó estupefacto. Liam sonrió levemente. Si me vieras, ¿estarías orgulloso de mí? Besó la frente del niño con suavidad, haciendo que este se congelara. Un besito como los de Bianca, pensó con un nud

