Ambos se sintieron muy extraños cuando el juez los declaró unidos en matrimonio. Se podría decir que ese fue el primer punto de quiebre que tuvieron los dos. ¿Qué habían hecho? ¿Por qué carajos habían cometido esta locura? Eso era lo que reflejaban sus rostros, los cuales Nicolás observaba fijamente. Ambos se habían quedado congelados, tanto así que el juez se aclaró la garganta, pues no hubo beso, solo tensión. Finalmente, les entregó el acta y se marchó del lugar. Nicolás, cansado de presenciar todo aquello, tomó la palabra. —Quiero dejar constancia de que no apoyo lo que han hecho. Pero siempre estaré acompañando a Ares en cada etapa de su vida. —Suspiró y agregó con ironía—. De corazón les digo que deseo que aprendan a llevarse bien, que olviden todo el pasado y que hagan su vida.

