Conducía su lujoso deportivo por las grandes calles de la hermosa ciudad de Palermo, la tranquilidad del día había dado paso a la vida nocturna y con ella, las muchas personas que deseaban pasar un buen momento salían a las calles en busca de insana diversión de una noche, sexo, tabaco, alcohol y drogas, toda aquella inmundicia que para los más jóvenes resulta demasiado atractiva, era fácil de encontrar en cualquier centro nocturno que abría sus puertas con la caída de la luz del sol y la llegada de la penumbra, sin embargo, por esa noche, nada de eso le importaba, sus sospechas se incrementaban en la medida de su desesperación, Hildegard lo había traicionado…aun así, no quería aceptarlo, habían estado juntos por demasiado tiempo y el tan solo quería escucharlo de sus hermosos labios rojos

