Zeus admiraba la belleza de las rosas blancas en los jardines de la mansión Dogaru, la soledad que lo embargaba era pesada, hacia unas semanas atrás había celebrado su cumpleaños y con ello, su asunción definitiva como el heredero Dogaru y nuevo líder familiar, los sirvientes se miraban un poco mas relajados, miraba al jardinero regar con sumo cuidado aquellas rosas desde la comodidad de su balcón, y es que, había sido expresa orden suya, que se mantuviesen siempre hermosas y saludables aquellos rosales que tanto habían gustado a su madre. Dejando de admirar aquellos rosales, Zeus negó en silencio, se sentía como un gato enjaulado, completamente fastidiado de la rutina diaria que ahora tenia que ejercer, y es que de nada había servido aquello que le había hecho a Hades, su mafia, aun mas

