El sonido de los aparatos de ejercicios reventando resonaba en el silencio de aquella mañana, siempre era bueno hacer un poco de actividad física recién despierto, le encantaba verse bien, sabia que era un hombre apuesto, demasiado apuesto en realidad, tanto, que se sentía desperdiciado con la esposa simplona que decía tener, terminando su rutina diaria en el gimnasio comunitario del edificio de departamentos en donde vivía, Henry Pines se metió a las duchas no sin antes admirar su belleza en el espejo, sus cabellos rizados y rubios, sus ojos azules, su tersa piel blanca, no cabía duda de que toda mujer deseaba estar con alguien como el, aquellas eran el tipo de cosas que siempre se decía a sí mismo, Alice era una mujer demasiado afortunada por tenerlo. Subiendo hasta el departamento, en

