Duncan estaba preocupado, pero no por el robo del libro de la dama Eudaline. En su opinión, quienquiera que lo hubiera robado era culpable de un crimen que creía que estaba documentado en sus páginas. La trampa de la dama Eudaline estaba bien hecha. Su estratagema tendría éxito y habría un villano menos en el mundo. No, su preocupación era su propio futuro. O más concretamente, su futuro con Radegunde. Duncan solo quería garantizar la seguridad de ella, pero no hacía ningún progreso para convencerla del mérito de su preocupación. Ella era atrevida, su dama, pero eso no cambiaba su deseo de protegerla. Luchó por permanecer quieto mientras ella dormía a su lado, sin querer despertarla con su inquietud. Por supuesto, falló. La luz apenas se deslizaba por debajo de la puerta de la ha

