Problemas. Poco a poco se despoja de sus prendas de vestir dejando al descubierto su bronceada piel, esa piel morena que tanto me encanta. De mirar su detallado y perfecto rostro bajo a sus pectorales, es esos pequeños músculos fuertes que, sin dejar de admirar bajo a su parte masculina, ese m*****o sensible, pero hace sentirme en el mismo cielo. El ver su sexo masculino me dan ganas de arrodillarme y probar ese manjar, es digno de mirar. El ver el líquido blanquecino salir de la glande, me dan ganas de masturbarlo con mis manos y luego metérmelo a la boca y saborear con degustación. Esos pensamientos impuros hacen que mi v****a comience a palpitar y tenga una pequeña incomodidad que mis piernas se cierren voluntariamente. — ¿Te duele? —pregunta. Se percata de mi incomodidad entre mis

