Me entrega un labial diferente al que utilicé anteriormente, pero el color es el mismo, rojo. Termino de pintar mis labios y le entro el labial.
Me subo a la fría barra de cemento recargando mi peso sobre mis rodilla y manos. Enseguida se acerca a mí y siento sus suaves manos recorrer mis piernas hasta llegar a mis nalgas; cuando llega a ese lugar me da un palmazo que de inmediato la piel me arde y se me escapa un pequeño grito. De nuevo acaricia mi piel y golpea mi otro glúteo dejando irritada esa zona. Los glúteos me arden, eso a Clark no le importa él sigue golpeando mi trasero cómo si le fascinará mi rojiza piel.
Repentinamente posa su mano en mi espalda y con fuerza me agacha, mis pechos se aplastan con el frío cemento. La posición me aplasta los pechos, pero Clark no quita su mano de mi espalda, impide que me levante.
—Ni se te ocurra moverte —ordena.
Quita su mano de mi espalda y se dirige hacia un mueble. No puedo ver que es lo que va a utilizar conmigo porque el mueble está a mis espaldas y también por la posición en la que me encuentro no me beneficia. Termina de buscar y regresa.
—No sabes lo bien que no la vamos a pasar, nena.
¿Es posible excitarse con solo oír su voz? Porque yo lo estoy, estoy ansiosa y deseosa.
Sus manos toman las medias que son parte de conjunto y las rompe hasta dejar al descubierto mi trasero. La baja hasta dejarlas en mis rodillas, enseguida palmea de nuevo mi trasero; sus dedos no tardan en acariciarme lo labios por encima de las bragas brindándome el mejor placer.
Sus largos dedos presionan mi coño; me quejo al necesitarlos adentro, pero la delgada tela no se lo permite. Agarra la tanga y jala de ella haciéndola a un lado dejando expuesto mi sexo para repentinamente meter un dedo, al instante doy un brinco y gimo. Sus dedos comienzan a estimularme y con ello se mojan poco a poco haciendo una deslizante profundidad en mi interior torturándome de estar deseosa que me arremete con profundidad.
Él sigue con el mete y saca de su dedo y de improvisto con su otra mano utiliza su dedo pulgar y lo lubrica con mis fluidos que salen y después acariciar mi ano siguiendo un patrón circular. Esto es lo más placentero que he experimentado en el sexo, Jaxon es el único que me hecho sentir este placer, es único.
El corazón me late cada vez más rápido que siento que se saldrá de mi pecho. Sigue con el movimiento de sus dedos, «estoy hecha un lío.» Mete dos dedos más en mi v****a y comienza a aumentar el mete y saca rápidamente. Mi cuerpo se contrae haciendo que mis paredes estrujen sus dedos; se percata de mi próximo orgasmo a llegar el cual hace aumentar sus movimientos. El placer va aumentando, se acumula en mi vientre y no tarda en presentarse, exploto.
Los fluidos salen ensuciando sus dedos, él los saca y después los mete a su boca.
—Delicioso.
No sé cuál es su próximo movimiento, pero me estoy cansada de esta posición, no tengo fuerza en las piernas y más por el reciente orgasmo me siento débil. Me excito de nuevo al sentir una vibración en mi parte intima, instantáneamente comienzo a gemir, aquel cosquilleo en mi coño es estimulante.
— ¿Te gusta nena?
Aquel vibrador me impide mediar palabras, de mi boca solo salen gemidos. De sorpresa algo líquido cae en mi ano, lo lubrica y luego introduce algo; es grande porque me lastima. Sin soportarlo, gimo del dolor; Jaxon comprende mi dolor y lo mete con delicadeza.
Aquellos objetos me hacen perder la cordura.
—Contéstame, nena. ¿Te gusta?
Me da una nalgada haciéndome brincar de dolor y ardor por su reciente acción.
— ¡Ah! ~ Me encanta, amo.
Complacido, sigue torturándome con el vibrador. Aquel aparato deja de pasarlo por mis pliegues y lo introduce en mi coño aumentando más el placer. Lo que siento es indescriptible.
El vibrador lo saca y lo remplaza por su m*****o, su mano izquierda me aprieta el muslo al chocar su pelvis con mi trasero. Puedo sentir su m*****o ser metido con tranquilidad hasta llegar a profundidad.
De nuevo siento que algo me invade, no solo su m*****o sino también el vibrador, ambos son metidos y sacados con lentitud y profundidad. Se hacen presentes sus ahogados gemidos y gruñidos, y a la misma vez golpea mi trasero y lo estruja con su mano mallugando mi piel. Es una escena realmente morbosa, un hombre y una mujer saciándose sus deseos con juguetes sexuales.
No aguanto más, se presenta mi segundo orgasmo, esta vez es más intenso que el anterior, sin detenerlo más tiempo exploto en placer. Clark gruñe alto, saca su m*****o repentinamente y se corre en mi espalda baja mojándome con sus blanquecinos fluidos. Retira el vibrador y esa cosa de mi ano.
—Puedes moverte —habla con la voz entrecortada. Necesita aire al igual que yo.
Cansada, me dejo caer al cemento, mis brazos y piernas me duelen mucho y los pechos me duelen más por ser aplastados por el concreto y ni se diga mi trasero, me arde demasiado.
— ¡A la mierda! No puedo contenerme —dice repentinamente.
Me levanta de un jalón, gira mi cuerpo, ahora mi espalda está pegada a la mesa, abre mis piernas y se coloca entre ellas, esta vez se pone un condón y listo me penetra. Sus manos toman mis manos y las hace entrelazarlas mientras me embiste con rapidez. Sus misteriosos ojos se conectan con los míos y sonríe complacido al ver mis gestos de satisfacción.
Esta vez es diferente, su pesada respiración choca en mis labios, de vez en cuando baja la mirada cómo si quisiera besarlos con necesidad. Detiene el rápido movimiento de sus caderas, su pelvis choca con fuerza en mis muslos, al profundizar mis caderas se levanten sintiéndolo más a dentro. No tengo ni la menor idea del por qué, pero es diferente, esto me gusta más.
Se cansa por la posición, saca su m*****o, se quita de encima y lo sigo con la mirada; se acuesta en el concreto a un lado de mí, me sujeta de las caderas y con fuerza me levanta poniéndome arriba de él.
—Nena, es tu turno de complacer a tu amo.
Realmente le cuesta respirar, está muy agitado. Entiendo perfectamente lo que quiere que haga, no me niego y me auto penetro; sin timidez muevo las caderas en círculos moviendo su hombría en mi interior y creando una increíble fricción. La sensación de placer aumenta en nuestros cuerpos queriendo más; sin dudarlo pongo mis manos sobre su pecho y comienzo a brincar.
El cuerpo me suda, siento el cardio palpándome en los oídos, pero no puedo parar, me encanta, me fascina como lo cabalgo, como me toca sin vergüenza alguna, como si nos hubiéramos conocido desde hace años.
Esto es lo que me gusta de Clark, que es un hombre de abierto conocimiento, a pesar de que intimida con su mirada en el sexo es todo lo contrario, te brinda confianza, es por ello que no me da vergüenza mostrar mi cuerpo ante él. Te da confianza al querer saciar tus placeres, es solo él, un hombre que sabe satisfacer a una mujer no solo con palabras y acciones, en verdad te brinda la seguridad y confianza que una mujer necesita. Y en el acto del sexo quita las barreras de lo que está mal o está bien, que seas tú; y lo disfrutes sin restricciones morales.
Clark no ha dejado de besarme, desde que yo estoy arriba no ha dejado mis labios y tampoco deja de tocarme la cintura, los pechos, la espalda, los muslos, todo.
Nuestro glorioso momento llega, primero se presenta mi orgasmo y en seguida Jaxon. Estamos controlando nuestra respiración, yo estoy muy débil, y como no, si he tenido tres orgasmos en una noche.
Como el caballero que es, se percata de mi estado, se levanta haciéndome a un lado para luego cargarme en sus brazos, salimos de la habitación escondida para dirigirnos al baño. Me deja sentada en el lavabo, el momento que mi piel hace contacto con el frio azulejo me quejo por el ardor en mi trasero.
Él continua con su labor abriendo la llave de la bañera para que se llene; lista el agua tibia y con jabón de rosas, me carga de nuevo y me mete a la bañera, al instante mi cuerpo se relaje, igual él se mete sentándose detrás de mí abriendo sus piernas para que yo pueda ponerme entre ellas sintiendo su m*****o en mi espalda baja.
No mediamos palabra alguna solo Jaxon se dedica a bañarme provechando la oportunidad de tocarme provocativamente mientras enjabona mi cuerpo. Terminamos de bañarnos, Clark me seca con una toalla y luego él y salimos del baño para cambiarnos. Busca entre las cosas que me compró, saca ropa interior para luego ir al armario y traer una de sus playeras, me los entrega en la mano, no lo pienso mucho y me cambio; terminado de cambiarme me agarra de la mano para salir a la cocina.
—Siéntate, voy a calentar la comida.
— ¿Te puedo ayudar? No quiero sentarme, me duele el trasero —confieso.
—Ok.
Me extiende su mano y gustosamente la acepto; caminamos a la amplia y equipada cocina, se acerca al refrigerador y suelta mi mano.
— ¿Qué te gusta comer?
—Lo que sea es de mi agrado.
—Puedes cortar las naranjas y preparar el jugo mientras caliento el adobo.
Agarro unas naranjas del frutero, las corto y con la exprimidora extraigo el jugo y lo sirvo en dos vasos, en cuestión de minutos ya está todo listo para comerse. Por último, pongo los platos y empezamos a comer. Con el estómago lleno terminamos de limpiar y subimos, él me lleva a la habitación de huéspedes y él se va a la suya.
Me acomodo debajo de las sábanas blancas, al hacerlo el trasero me arde, además de que el cuerpo me duele. De repente la puerta se abre dejándome ver a Clark entra a la habitación.
— ¿Qué sucede? —pregunto por su presencia en este momento.
—Quítate las bragas y ponte boca abajo —ordena.
No quiero preguntar para qué, solo hago lo que me dice; me quito las bragas dejándolas sobre la cama aun lado de mí y me coloco boca abajo.
—Está frío, pero te aliviará el ardor.
—Entiendo.
Se sienta a un lado de mí y abre la pomada que tiene en la mano, pone un poco en sus dedos y lo pasa por mi glúteo izquierdo. Su toque y el frío de la pomada me erizaran la piel y al mismo tiempo doy un brinco por el ardor. Continúa untando la pomada hasta que ambas nalgas estén cubiertas por la crema. Cierra el empaque y se levanta de la cama, toma mis bragas y las pasa por mis piernas para deslizarlas hacia arriba hasta llegar a mis glúteos; entiendo perfectamente que tengo que levantar las caderas, así lo hago. Termina de ponerme las bragas y se dirige a la puerta, abre la puerta para irse no sin antes decirme algo.
—Descansa, nena.
No dice más y se va cerrando la puerta dejándome inquieta.