Capítulo 15

2045 Palabras
Fresas, chocolate y chantillí... La semana pasa rápidamente y con ello aumenta mi estrés, a pesar de que Zeth me ayuda es mucho trabajo, la empresa está hecha un lio. El fin de semana llego, necesito relajarme, estoy muy estresada y cansada. Estoy por entrar al juego del deseo. Toco su puerta con delicadeza, se abre la puerta pensando que me abrirá una de las chicas, pero esta vez es él. — ¿Por qué tardaste, nena? Su aroma invade mi espacio deleitándome con esa masculinidad que tiene siempre presente. —Lo siento, había un poco de trabajo y tráfico —sin importarle, me sujeta de la cintura y de la nuca, pega sus labios con los míos recibiéndome con un apasionante beso. — ¿Ya comiste? —pregunta después de darme otro corto beso. —Aun no. —Pediré la cena. Mientras ponte el traje rosa que está en tu habitación. Asiento con la cabeza. Mientras él se dirige a la cocina, me meto al baño y me despojo de mi ropa de trabajo para cambiarla por la prenda rosa. Consiste en un sostén apretado que levantaba mis pechos por la presión, debajo de él deja caer una cortina de tela transparente del mismo color que llega por debajo de mi trasero haciendo que oculte un poco la tanga rosa que traigo puesta. Por último, me pongo un poco de loción de vainilla y salgo del baño. Al entrar a la habitación me encuentro a Clark con la cena preparada; con él trajo en una bandeja, una botella de vino tinto, fresas enteras, un bolt lleno de chocolate derretido y chantillí en lata. — ¿Estás lista? En realidad, no estoy segura si lo estoy. Esa sonrisa que tiene me demuestra lo malvado que puede llegar a ser. —Si. Su sonrisa se ancha más al momento en que sus pupilas me analizan de arribar a abajo. —El traje te queda perfecto —alaga. —Me aprieta un poco el sostén. —Lo compré una talla más pequeña que la tuya, justo para que alzará más tus hermosos pechos… Vamos a comer. Me agarra de la mano al igual que agarra la charola con los frutos. Nos adentramos al guardarropa y nos dirigimos a la habitación roja de siempre. Me da la orden de sentarme en la cama, al parecer no utilizaremos algo nuevo. Sirve el vino en las copas de cristal, me entrega una copa y la otra se la queda él, se sienta a un lado de mí y chocamos las copas. —Brindamos por ti —dice. — ¿Por mí? —Sí. — ¿Por qué? —sonrío. —Por qué eres tú —no comprendo su respuesta. Solo le sigo el juego. Chocamos de nuevo las copas y bebemos del líquido tinto. —Ahora brindamos por mí. Bebemos de nuevo el vino y chocamos otra vez las copas. —Esta es por nosotros. Bebo todo el contenido de mi copa, antes tragar el vino Clark se acerca a mis labios y los abre para beber un poco del vino de mi boca. —Sabe delicioso proveniente de ti —susurra en mis labios. Me paso el vino restante, Clark me da el resto de su copa para hacer lo mismo, beberlo directo de mi boca. —Es el mejor vino que he probado —me alaga. Me quita la copa, las deja en la charola y de regreso trae las fresas y el chantillí. —Ahora vamos a disfrutar el postre. Agarra una fresa y la pone en mis labios para que la muerda, la muerdo disfrutando del dulce jugo de la fruta y después él se come el restante. — ¿Están ricas? —pregunta. —Están dulces, muy deliciosas. Agarra otra fresa y la pone en mis labios, la muerdo y mastico, antes de pasar bocado se acerca y conecta nuestros labios haciendo un beso intenso. Nos separamos por falta aire y también porque la fresa masticada se cayó de mi boca por los movimientos de nuestros labios. —Acuéstate —ordena. Hago lo que Clark pide, me acuesto en la cama sobre las suaves y rojizas sanabas de seda pura. Se acerca a mí y pone otra fresa en mis labios y me indica que la deje en su lugar. Agarra la lata de chantillí y presiona un poco para poner un poco arriba de la fresa. Acerca su rostro al mío y comienza a comerse la fresa mientras su mano acaricia mi mejilla. Llega a mis labios batidos, pasa el bocado y me besa de nuevo, aquel beso nos robaba el aire de los pulmones y con ello la tanga se me comienza a humedecer. Deja mis labios y pone otra fresa más grande en ellos; el chantillí lo pone entre mis pechos que sobresalen del sostén rosa. Se come el chantillí con la punta de su lengua, me eriza la piel al sentir su húmeda lengua cerca de mis pechos; estoy deseosa de que chupe mis pezones erectos. Termina de comerse el chantillí y sube a mis labios a devorar la fresa. Extasiados, me quita el apretado sostén dejando al aire libre mis pechos que rebotan por la acción; en cada pezón pone un poco de chantillí y los lame con morbosidad, al contacto de su lengua, la sensación en mi entre pierna grita por ser tocada. Me es imposible no gemir, su lengua chupa con intensidad y baja del pezón, sin contenerme agarro su castaño cabello y jalo de él. Las piernas se mueven de arriba hacia bajo para calmar un poco el dolor con la fricción, pero no sirve de nada si Jaxon no me trata como debe de ser. Deja el chantillí, agarra la fruta y se la come y me da una a mí. Retira mis bragas aventándolas al suelo, se aleja y trae unas esposas y el chocolate. Esposa mis pies a cada esquina de la cama dejándome con las piernas abiertas y con toda la vista de mi zona intima. Jaxon se quita el costo traje quedando desnudo, puedo ver su hombría erecta, roja, venosa, tan apetecible para meterla en mi boca. Deja un poco de chocolate en mi vientre definiendo una línea delgada por encima de mis labios vaginales. Su lengua devora el chocolate hasta llegar a mi v****a, en esa zona me retuerzo de placer, aunque el amarre en mis piernas me impide la movilidad. — Rico~ —gimo al sentir la punta de su lengua introducirse en mi coño. De nuevo coloca chocolate en mi intimidad y la devora con éxtasis. —Me encantas, nena. Con sus dedos abre mis labios y succiona el clítoris haciéndome brincar. No soporto esto, es tan delicioso, placentero y excitante que no puedo controlar el ritmo cardiaco en mi pecho. Repite lo mismo hasta que no puedo contenerlo y exploto en su boca liberando los flujos que se mezclan con el chocolate. —Eres tan deliciosa. Se levanta y sonrió al ver una de sus mejillas manchada con chocolate, se ve tan adorable. A pesar de que me haya hecho correrme en su boca necesito tenerlo adentro, me encanta ser penetrada por él con intensidad y morbo. —Amo, te necesito —no puedo más con esta tortura. En verdad lo necesito y sé que el también necesita. Su masculinidad está chorreando, se percata de ello y con la punta de sus dedos limpia el pre semen y lo unta en mis labios dándole un tono brilloso. Con morbo sonrió y paso mi lengua por mis labios enriqueciéndome con su sabor. —Yo te necesitó a ti. Me desata y me levanta de la cama de un solo jalón lastimando un poco mis brazos, me sujeta del cabello y me besa con brusquedad haciendo un morboso chasqueo. Su lengua se adentra en mi cavidad bocal y comenzamos con una batalla de lenguas. Mientras me besa, acaricia mi trasero y lo golpea dejándolo rojo e irritado. Me deja de besar y se acuesta en la cama en la misma posición que me encontraba. Abre las piernas y me ordena que me meta entre ellas, se invierten los papeles. Su m*****o está enfrente de mi cara, me enfoco en su hombría que esta brillante y apetitosa, sin pensarlo paso la punta de mi lengua por su glande, Jaxon al sentir mi lengua suspira, pero aun así no deja de ver como paso mi lengua por su largura. Agarro el chocolate y pongo un poco en su glande y como una niña pequeña chupo todo el chocolate. Sus trabajados muslos se tensan, aguanta la respiración, sus gruñidos son más audibles que los míos; lo está disfrutando y me siento orgullosa de mi trabajo. Dejo su m*****o para pasar a sus testículos, los mancho de chocolate y apetitosa meto uno en mi boca. No se controla, sujeta mi cabeza acariciando mi cabello incitándome a seguir y no moverme de ahí; con mi mano empuño su m*****o y comienzo a subir y a bajar por su largura. —Nena~ Su respiración se acelera y gime con fuerza, al instante su semen sale disparado y cae en mi mano. Dejo de chupar y me subo en él, agarro su rostro en mis manos y lo beso; él sin dudarlo me acaricia la cintura. —Amo, te necesito —digo coqueta. —Eres mi nena. Me besa. Se sienta en la cama, me sujeta de la cintura y me coloca sobre sus piernas, aprovecho para enrollar mis piernas en su cintura y se levanta llevándonos al grande sillón de piel. —Vamos a utilizar mi favorito —comenta. Se sienta en el sillón, me acomodo en su hombría para penetrarme. Comienzo a brincar para darnos placer, nuestros gemidos se mezclan en el ambiente al igual que el sonido de nuestras pieles chocando; me complazco viendo como su m*****o entra con facilidad por la lubricación, sus manos se aferran a mi cintura bajándola con brusquedad. Cambiamos de posición, vamos al respaldo del sillón, me sienta arriba del respaldo, abre mis piernas, sin perder tiempo me penetra y me embiste con profundidad mientras mi peso cae en mis manos. Los pechos me rebotan por cada estocada, nuestros fluidos se mezclan; es tan placentero que llevo mi cabeza hacia atrás disfrutando del momento. Cansado me baja del respaldo y se sienta de nuevo; me subo en él, pero dándole la espalda, bajo las caderas y me auto penetro disfrutando tenerlo adentro. Subo y bajo, al bajar agito las caderas se queja y me da una cachetada en el muslo dejando la marca de su mano. Comienzo a sentir la acumulación en mi vientre, las piernas se me debilitan él lo nota y me levanta, me inca en el asiento y se pone detrás de mí, introduce su m*****o, se aferra a mis caderas y empuja con profundidad. La garganta se me seca, me aferro a la piel del sillón, agarra mi cabello y jala de él. —Nena ¡Ah! ~ Sin contenerse gruñe desgarrándose la garganta y al oírlo me dejo liberar, gimo tan alto que se me acaba la voz. Siento el líquido caliente adentrándose en mi interior; saca su m*****o y me dejo caer en el sillón. Agotados de tantas posiciones, nos metimos a bañar para quitar lo pegajoso del dulce. Puesta mi pijama camino para salir de su habitación para ir a la mía, pero su voz me detiene. — ¿A dónde vas? —A dormir —digo con obviedad. —Hoy dormirás conmigo. Me agarra de la mano y me hace acostarme, después él se acuesta del lado contrario. Estoy confusa, no pienso más en el asunto y me doy la vuelta dándole la espalda. Esto de dormir con él es nuevo para mí. —Quiero dormir contigo no para que des la espalda —se queja. Giro mi cuerpo para verlo cara a cara; de cierta manera me intimida, se acomoda de la misma manera que yo. —Descansa, nena —besa mi frente y cierra los ojos privándome ver sus lujurioso ojos grises. Me le quede viendo por un momento; no puedo creer lo que pasó, pienso que le hizo daño comer mucho dulce, otra vez está siendo diferente conmigo.
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