Veinticuatro

1403 Palabras
Está en la cocina, cargando el agua caliente en su taza con una bolsita de manzanilla. Está apunto de colapsar por los nervios, le duele estómago y siente que se le va a subir la presión. Todo es es combatible con una agüita de manzanilla, un clonazepam sería más útil, pero sorprendentemente nadie consume de eso en su casa, aunque está segura de que varios deberían. Ella por ejemplo, que no sabe si está a un segundo de llorar o vomitar, quizá haga ambas juntas. Le da un sorbo a su taza y la deja con manos temblorosas sobre el posavasos en el mesón. Una vez la taza está segura en su lugar, escucha la puerta principal abrirse. Que bueno que ya no tiene nada en las manos, de otra forma habría hecho un gran desastre. Toma una gran bocanada de aire y se levanta del sillón. Las piernas no le funcionan y al carraspear, su garganta se siente como lija. Se apresura a tomar otro sorbo de la infusión y luego se mueve hacia el pasillo. Su madre está en la puerta. Al notar la presencia de ella, algo arde en su mirada y Evette trastabilla, lo que le gana más de su odio. —Tú y yo vamos a tener una conversación. Su mirada asesina se contrapone con su voz es dulce, siempre le ha parecido irónico que un tono tan suave, hecho para contar cuentos y cantar canciones de cuna, sea usado para causar tanto daño. No solo a ella, Evette sabe que hay muchos sujetos que han tenido el infortunio de enfrentarse al veneno de su madre. El problema con sus palabras tóxicas, es que no hay antídoto ni una forma inteligente de protegerse de ellas, tan solo debes aceptarlas y luego curar las heridas. Su mamá avanza por el pasillo, la luz le da por detrás y vuelve su apariencia un poco más sombría. Un rayo de luz se refleja en el reloj de diamantes que carga y la ciega por varios segundos. Es por eso que Evette no puede ver a la sombra que camina detrás de ella hasta que los dos están parados enfrente de ella. —Señora Cecilia, conversémoslo todos en la oficina, con su esposo. Después de todo este es un asunto familiar. Evette tiene problemas para respirar. No logra entender que hace Asher allí. ¿Por qué quiere hablar? ¿Por qué se considera parte de la familia? No tiene derecho, él no ha hecho más que atormentarla toda su vida, eso no es lo que hace la familia. Mira a su madre, que está intentando matarla con la mirada y exhala derrotada. Quizá hacer tu vida miserable es exactamente de lo que se trata la familia. Pestañea múltiples veces. Alterna la mirada entre su mamá y Asher. Luego se queda estática. Hay una vocecita dentro de su cabeza que le dice que tiene que actuar, encontrar pronto que decir, pero lo único en lo que puede pensar es en que tiene que pensar y eso la lleva al borde del colapso. —Vamos— Asher se mueve sigilosamente hacia ella y le pone la mano bajo la espalda —, hay mucho de lo que conversar. No hay nada de lo que hablar. Ella ha tomado una decisión, su padre la ha aprobado y Asher no puede hacer nada al respecto. Mentir sobre el embarazo tiene varias funciones, pero una de las más importantes es que Asher odia a los niños. Evette tiene la impresión de que sacrificaría todo por no ser padre y a eso está apostando ahora. Por la manera en que mantiene con firmeza su mano sobre la espalda baja de ella. Intenta tragar saliva para aliviar la sequedad de su garganta, pero no logra nada y en cambio se queda con una sensación de ahogo. —¡John! Da un brinco con el grito de su madre y trastabilla, enredándose con sus propios pies. Asher la agarra del brazo. Más que una ayuda se siente como un castigo. Por eso es que no le dice nada, aunque también influye bastante que todavía no recupera la voz. —Cecilia, calmate, por Dios. Su padre sale del baño, secando sus manos en la tela del pantalón, los ojos concentrados en la acción. Al levantar la mirada y darse cuenta de que Asher está allí, se endereza de inmediato. —¿Qué sucede? —Sucede que tu hija es una prostituta y se ha dejado embarazar por chiquillo—. Se vuelve hacia ella —. Realmente eres tonta, no esperaba mucho de ti, pero creí que al menos tenias el suficiente cerebro para saber que Asher es lo que te conviene y que tu matrimonio con él nunca fue opcional. —Y-yo. No… Mamá, no… —Cecilia, a ver— su padre levanta una mano. —Creo que hay que dejar de lado la inteligencia de Evette o su falta de esta. Lo importante es que el acuerdo no se anulará. —Por supuesto— Cecilia asiente energéticamente a lo que Asher dice. —El matrimonio sigue en pie, esto ha sido una tontera— suelta una risa aguda y falsa, tratando de restarse importancia al asunto. —Una tontera de la que Evette tendrá que deshacerse pronto. Ante la mención de su nombre ella reacciona. Primero pone distancia entre Asher y ella, luego se obliga a hablar. —No lo voy a abortar— lo defiende con fiereza. —No voy a mantener al hijo de otro. —Entonces anula el compromiso— se cruza de brazos. No tiene ni idea de dónde proviene esa testarudez que le permite hacerle frente a Asher, tampoco sabe dónde ha quedado el miedo que la tenía enmudecida, quizá desapareció cuando se dio cuenta de que ya no le queda nada que perder. Asher da un paso al frente y se pone a la altura de sus ojos, sus narices apenas se rozan. La cercanía resulta amenazante y al mismo tiempo hipnotizante. —Abortalo. —No. —¡Evette!— Cecilia grita escandalizada a sus espaldas, probablemente porque nunca a escuchado una palabra similar de la boca de su hija. El agarre de Asher en su mentón le toma por sorpresa. Sus dedos se entierran en la piel, llegando al hueso y de ahí la sujetan con fuerza. Hace una mueca de dolor, pero intenta mantener su rostro impasible, como siempre se ha mostrado frente a Asher, excepto en esas incontables veces en que permitió que él la alterara. Pues hoy no será así. —¿Quieres que me encargue yo? ¿Prefieres que vaya a donde Lex? Evette cierra las manos en puños, sus cejas se fruncen y aprieta la mandíbula con rabia, pasando por alto el dolor que Asher le está causando, tratando de controlar sus emociones en ese momento. La está amenazando y tiene que encontrar una manera de equilibrar la balanza, pero no quiere meter a Lex en más problemas. Se estira en las puntas de sus pies, Asher acorta la distancia entre ellos y acaba invadiendo su espacio personal, sirviéndole de apoyo físico al mismo tiempo que sabotea todos sus posibles planes. Cuando está así de cerca de él es difícil pensar. —¿Quieres tener la mínima idea de lo que se siente ser tuya? ¿Quieres que sea tuya y no me vaya a buscar un hombre que si valga la pena? Entonces deja a Lex fuera de esto y acepta que no abortaré. La voz no le tiembla, es impresionante, pero al apoyar los pies sobre el suelo se da cuenta de que su cuerpo completo se sacude bajo la adrenalina y el miedo. No se compara en nada con la cachetada que le dio, pero de igual manera quiere ponerse de rodillas y pedirle que la perdone por hablarle de aquella manera. Mira por sobre su hombro a sus padres, quienes le devuelven la mirada, horrorizados. Sus rodillas comienzan a desplomarse y un peso que tenía encima desaparece, porque no es que quiera rendirse, es que su cuerpo no puede más y no le queda de otra que caer. —Bien. En vez de soltarla, Asher aumenta la presión de sus dedos. La mira directamente a los ojos, sus narices se tocan y sus labios se rozan cuando Eve se mueve, intentando escapar del agarre doloroso. » Pero no pienses que no me vengaré.
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