La mirada que me lanza Aurelio es de reproche, me será fácil acostumbrarme a esa mirada. Lucrecia aplaude y sonríe con cinismo. —Me encanta como se hizo la dura y llamo a Aurelio primero, y tú, hermanito, eres todo un actor. —Está hecho, se quería hacer la difícil, pero no tengo tiempo de jugar a eso, puedo ser paciente, con ella no me da la gana —explico. —Te la quieres llevar a la cama, es todo, eres un barbarito —comenta Lucrecia y pone cara de asco. Me levanto del sofá y miro a mi hermana a los ojos. —Tendrás que hacerle la vida imposible, no dejes que salga de un juzgado, llénala de demandas, y quejas. —¿Qué crees que hacía cuando apareciste? Esa mujer no puede entrar a la junta directiva de la compañía, o el vago con el que se case en un futuro. Es más, Sergio, tú deberías casa

