Duele. Mirarle duele. Cada segundo que pasa, estoy más cerca de perderle. Estamos más cerca de separarnos, más cerca de morir. Por ello, duele. Y no le llamaríamos amor si no doliera el alma, si no me doliera cada hueso, cada extremidad de tan solo mirarle. Y es que todo su ser es abrumador. Es demasiado, y no estoy segura de poder cargar con ese peso, con el peso de tener que mirarle tan seguido. Y como todas las cosas bellas, duele. Y como todas las cosas que puedo amar, duele. Su mera existencia es dolorosa para mí. Quiero amarle hasta que se me seque la piel, hasta no tener aire, hasta no poder pronunciar ni una sola sílaba. Hasta morir. Lástima es que nunca sabré si él siente lo mismo. Ni siquiera sé si cuando me mira, ve lo que yo veo. Yo lo veo todo. Veo mi pasado, mi presente

