Frederick y su esclavo favorito se dirigen hasta la habitación contigua, en la cual se encontraba una infinidad de artículos de tortura, que en más de una ocasión, utilizó y estrenó mucho de ellos con Zacary en innumerables ocasiones. Cuando llegan al centro de la habitación, el hombre le quita la cadena de la perforación genital a Zacary, para que este pudiese tener un poco más de libertad. El chico cuando “es libre”, vuelve a arrodillarse, solamente para hacerle sexo oral al hombre. Zacary al instante, siente el fuerte hedor de la transpiración de “su amo”. Una hediondez tan penetrante, que aunque Frederick se bañara y perfumara, continuaba apestando. Zacary respiró profundo, metiéndose el pene en su boca, succionándolo, lamiéndolo, escuchando en medio del placer que le inducia a

