Zacary con su vista perdida en su hermana y en Isaías, no se dio cuenta que alguien posó una mano sobre uno de sus hombros. Se trataba de Frederick, su amo, el cual quizás había aparecido de alguno de esos compartimientos que salían del suelo, o de algún otro lugar. Pero él por estar enfocado en sus dos nuevos objetivos, no se percató en ningún instante de su repentina presencia. —¿Estás cansado Nro. 189? Levántate del suelo, vamos — Ordena Frederick, sujetando un brazo del esclavo para levantarlo a la fuerza. Zacary al instante volvió a su postura seria, fría, y distante aunque en ese instante le costara más que nunca. Cuando estuvo de pie, se volteó para ver a su amo, quien con una enorme y perversa sonrisa, iluminaron sus poco agraciadas facciones. No cavia dudas para el j

