Narra Adrien. Nunca pensé que volvería a verla tan pronto. Cuando papá abrió la puerta y pronunció su nombre, el mundo se me redujo a un solo segundo, uno que se estiró como una cuerda tensada a punto de romperse. Bianca estaba allí, con su elegancia habitual, su postura perfecta y ese aire pulido que siempre la rodeaba. Vestida con un abrigo beige que caía suave sobre sus hombros y con ese perfume que reconocería en cualquier parte. No esperaba que regresara. Mucho menos que viniera hasta aquí. Durante el almuerzo, no dije mucho. No podía. Había demasiados ojos, demasiadas preguntas en el ambiente, demasiadas comparaciones inevitables. Sentía la mirada de Amara, tímida, inquieta, casi pequeña frente a la presencia de Bianca. Una punzada me atravesó el pecho al notarlo. No quería que el

