Narra Amara
Cuando recién cumplí dieciséis, conocí a Marco. Estaba en la misma escuela que yo, me llevaba solo un par de años. Marco y yo nos hicimos amigos. Desde que lo vi mes gustó demasiado, tenía unos ojos marrones muy intensos y pestañas largar.
Con Marco experimenté cosas totalmente nuevas, fue el primer chico con el que estuve. No había sentido más allá de un beso, pero con él, sentí placeres completamente nuevos. Nos hicimos novios al poco tiempo. Nadie sabía que Marco y yo teníamos una relación más allá de amistad. Él no era malo… simplemente no era lo que yo esperaba; más bien, lo que yo imaginaba de una relación. Quizás estaba demasiado joven en ese momento. Yo quería algo bonito, una relación normal. Citas, hablar por horas, sentir que le importaba. Pero él… solo quería lo que le convenía.
Antes de cumplir diecisiete, Marco y yo terminamos. Papá lo descubrió una noche saliendo por la ventana de mi habitación y se hizo todo un caos.
Creo que mi relación con él —con papá— se fracturó desde ese momento. No volví a verlo igual. Desde entonces, entre nosotros se instaló una distancia que nunca se cerró del todo.
Después de Marco conocí a otro chico, uno que me trató con más dulzura. No duró mucho, pero me enseñó que no todos los acercamientos debían doler. Aun así, nunca fue más que una historia corta. Desde entonces, me prometí no entregar más de lo que la otra persona estuviera dispuesta a cuidar.
Quizás por eso me cuesta tanto cuando alguien, como Eli, se me acerca de esa forma. Tan seguro, tan directo.
Sus besos en mi cuello me hicieron perder el control, esas pequeñas caricias me hacen olvidar quien es él y por qué estoy aquí.
De repente abrí mis ojos y abrí mi boca:
—Alguien puede venir y...
Eli tapa mi boca con su mano.
—Vamos a otro lugar entonces.
—No es lo que…
Él me toma de la mano y me hace caminar por aquel pasillo, estaba desconcertada, pero me dejaba llevar.
Mi corazón estaba a mil, casi que escuchaba los latidos en mi oído. La casa estaba completamente silenciosa, no había rastros de nadie por aquí.
Escucho una puerta abrirse y me doy cuenta que Eli me ha llevado a su habitación.
—¿Qué pasa si al…?
—Nadie vendrá, todos a esta hora duermen.
Sabía lo que iba a suceder, era consciente de lo que pasaría en esta habitación, pero quise quedarme.
Eli me mira un poco agitado, en sus ojos había un brillo muy intenso.
—Eli —susurré su nombre en voz baja.
—No digas más, Amara.
Él posa su mirada en la puerta y dice:
—No tiene seguro, si quieres irte ahora, puedes hacerlo.
Vi como llevo sus manos al final de su suéter y lo sacó por encima de sus brazos, dejándome ver su piel blanca y su pecho desnudo.
Eli es un poco más alto que yo, es delgado, pero está en forma. Sus pectorales y su abdomen están marcados; tienes brazos trabajados y…
Tragué sonoramente sin saber si tomar la perilla y abrir la puerta para marcharme.
Él camina hacia mí y lleva su mano a mi mentón, se inclina suavemente y susurra en mis labios.
—¿Qué harás Amara?
Él pone mi mano en la perilla, mientras la sostengo y estoy lista para girarla, él hace mi rostro a un lado para volver a besar mi cuello.
Esa caricia es mortal, fue ese pequeño acto el que me hizo tomar la decisión más difícil de mi vida. Llevé mi dedo pulgar hasta el seguro de la puerta y lo presioné. Esa fue la respuesta que Eli esperó.
Sus manos se deslizaron por mis brazos, pero esta vez no iba a sostener mis muñecas o mis manos, él llega a mi cintura y toma cada extremo de mi blusa, la sube lentamente hasta que, yo levanto mis brazos y facilito su trabajo.
Tragué sonoramente y lo vi mirar mis pechos, él muerde su labio inferior y da un paso más cerca de mí. Sus manos rodean mi cuerpo hasta llegar a mi espalda, sentí como de un solo movimiento fue soltando los broches de mi sostén, de una manera tan rápida que torturaba.
Mi mente me gritaba ¡¿Qué haces?! Pero mi cuerpo gritaba el nombre de Eli con más fuerza.
Cerré mis ojos cuando el sostén se fue despegando mi cuerpo. Seguido a eso un frío ligero recorrió mi piel.
Iba a cubrir mis pechos, pero fue tarde, Eli lleva hacia la pared de su habitación haciendo que mi espalda chocara con ella. Besó mis labios con intensidad, sus manos acariciaron mis pechos haciendo que mi cuerpo se estremezca.
—Espera —dije intentando tener un momento para respirar, pero cuando soltó mis labios, se inclinó a mi pecho para acariciarme.
Sentí como sus labios acariciaron mis pezones, esa sensación es intensa; no quería que se detuviera. Me costaba bajar mi mirada y verlo hacer lo que hace, como si eso restara culpa a mi conciencia por lo que permitía en este momento.
Se sentía bien, escucharlo respirar agitado, tocarme con ganas. Era como si mi piel necesitara esto, mi cuerpo pedía a gritos sentir esto.
Sus manos llegaron al botón de mis jeans, en un movimiento rápido lo desliza por mis piernas dejando solo mi ropa interior a la vista.
De repente, no sentí ni escuché nada más. Abrí mis ojos y lo vi, tan cerca que me hizo estremecer.
—Ven conmigo.
Aquel susurro se estrelló en mi boca.
Él toma mi mano y camina hacia atrás, nuestras miradas jamás se desconectaron.
Me lleva al borde de su cama y posa sus manos en mis hombros, hace un poco de presión haciendo que termine sentada en ella.
—Tranquila, no pasará nada que no te guste.
Él busca mi boca y a medida que me besa, siento que me hace caer de espaldas lentamente hasta recostarme completamente.
Miraba el techo de su habitación, trataba de no pensar en nada.
Él tomó mi ropa interior y la bajó con aquella facilidad, dejándome ahora sí, completamente desnuda ante sus ojos.
Sentía que era demasiado tarde para arrepentimientos, así que, solo me dejé llevar. Sin saber que esto, se convertiría en el verdadero inicio de mi pesadilla.
Hace meses no estaba con nadie, Eli es el chico con más edad con el que he estado, cinco años de diferencia entre nosotros se sentían. En él podía ver su experiencia.
Eli tomó mis muñecas y las llevó por encima de mi cabeza, me sujetó con fuerza mientras se acomodó entre mis piernas.
Sentí como entró dentro de mí, cerré mis ojos con fuerza por ese primer contacto, pero a medida que él movía sus caderas, fue apareciendo el placer.
Solté un suspiro que atrapó con su boca, la forma en que me besaba estaba llena de poder, de deseo.
—Me encantas, Amara.
Esas dos palabras explotaron en mi cabeza.
Sin darme cuenta, Eli me había llevado a su juego, uno peligroso.
Un gemido escapó y él tapó mi boca. Sus movimientos se intensificaron y sentí mariposas volando por todo mi cuerpo.
Sus manos llegaron a mi cintura, sentí como se aferraba de mi cuerpo para intensificar sus movimientos aún más, ya sentía que no aguantaría más, algo estaba por explotar.
Me aferré yo a las cobijas y apreté con fuerzas, no podía gemir, así que mordí mis labios para contener el placer.
Mientras la excitación estuvo en su punto máximo, no pensé en nada más que fuera mi propia satisfacción, pero cuando llegué al orgasmo y mi cuerpo empezó a enfriarse, los pensamientos volvieron a aparecer.
Eli estaba a un lado de mí, desnudo. Se veía agitado.
Salté de su cama y empecé a recoger mi ropa.
—Mierd*, mierd*, mierd* —me decía mientras empezaba a cubrir mi cuerpo.
—¿Por qué te vas tan rápido? Podemos descansar un poco más.
Eli aún tenía aquel preservativo puesto en su pen*.
Las palabras no salían, mi lengua y mi cerebro no estaban conectados.
—Oye, espera, calma. Nadie vendrá.
Abroché mi pantalón y metí mi panti en el bolsillo de mis jeans.
Eli camina hacia mí, pero no le doy chance a acercarse, abrí la puerta y corrí hacia mi habitación.
Mi corazón estaba acelerado, mi respiración estaba agitada.
Me pegué a la puerta con las manos en mi pecho.
—¿Qué carajos hiciste, Amara? —me dije llevando mis manos a mi cara.