Capítulo 8.

2748 Palabras

El aroma a perfume masculino de Adrian, una mezcla amaderada y especiada que ahora reconocía como una parte inseparable de mi cautiverio, flotaba en el aire al despertar, invadiendo mis sentidos y recordándome la cruda realidad de mi situación. La mañana, a pesar de la opulencia que me rodeaba, se presentaba con una oscuridad inusual, un preludio sombrío a la tormenta que se desataba afuera, golpeando con furia los ventanales de la mansión. Los relámpagos iluminaban esporádicamente la habitación, revelando por un instante la paleta de grises y blancos que me rodeaba, los muebles suntuosos, la cama inmensa que había compartido, aunque a distancia, con mi captor. El estruendo de los truenos resonaba en la lejanía, un sonido gutural que se sumaba a la melodía implacable de la lluvia azotando

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