Otra vez más la vi llegar y me le acerque, tanto que era capaz de percibir su respiración y alcé mi mano para rozar su rostro con el revés de esta misma, observándola fijamente a sus ojos, le dije que no había mejor lugar que el convivir a su lado, en ese momento era para mí la cúspide de la felicidad. Se lo decía mientras ella agachaba la mirada y me decía que amaba ese momento pero que ahora nada era igual a como hacia unos años, que entendiera eso. Me fracturaba por dentro escucharla decirme eso, pero debía comprender que a pesar de que me doliese, era una verdad y debía de afrontarla con la mayor tranquilidad y serenidad, estaba esperando mucho tiempo para esta oportunidad, así que no iba a deshacer tan gloriosa circunstancia.
Con una mueca de satisfacción que mostrase a ella que estaba de acuerdo con lo que estaba pasando, me le acerqué y bese sus labios, mientras en mente corrían aquellas imágenes de recuerdos con ella, de aquellos momentos en que reímos, en que eramos felices en los que eramos uno solo...
Pasamos horas sentados conversando de anécdotas propias de nosotros, recordando tantas vivencias y por esa tarde fui tan feliz.