Aunque todo fluía sin mucho ruido, también pasaban cosas que me llenaban de ira y en ocasiones estaba obligado a cohibirme de decir o hacer algo al respecto. Cuando duraba 3 o 4 días sin saber de ella o de donde estaba, me hacía sentir algo furioso, pero sabía que nada era como antes y debía conformarme con lo que había y existía ahora, que era lo mejor después de no tener nada.
Mis compañeros de trabajo me decían que la habían visto en unas noches anteriores con un sujeto en un bar de la parte este de la ciudad. Pero no podía hacer nada, ni reclamarle por eso, ya que estaba de manos atadas y ella estaba en todo su derecho de hacer su vida y de conseguir otro sujeto, pero sabía que no me convenía que se hallase a otro que si ocupase de manera oficial el puesto de su pareja. Eso es lo que más me enfurecia y debia hacer que de una manera u otra no viese la oportunidad de formalizar algo con alguien más que no sea yo.
Era mi situación, y me encabronaba eso, hasta el punto de tener ganas de reclamarle, pero no tenía ningún fundamento.