Segundo momento
Los días han seguían pasado y Diyarly empezaba a entender más los misterios y el misticismo de las criaturas, su manera de actuar y de vivir, y para algunos sus poderes y habilidades especiales. Los puka eran de las criaturas de las cuales la pequeña se le prohibía ver y mucho menos hablar, ya que eran calificados de peligrosos.
Ya habían superado el trauma de casi morir a manos del cazador, y ahora se le dejaba salir y explorar otra vez el bosque sin miedo a que le para algo más. Aunque por lo general salía alguno de los elfos, y eran mayormente Fingolfin quien de daba a la tarea de acompañarla.
Una tarde caminando por las regiones planas, Fingolfin acompaña a Diyarly mientras dialogan.
— ¿Sentiste miedo cuando el cazador estuvo tan cerca de matarte? — pregunta el elfo Fingolfin a la pequeña Diyarly.
— Tuve demasiado miedo, ese hombre es muy malo ¿cierto? —suspira antes de responder la pequeña.
— Si, es increíble como el hada madre uso sus poderes después de tantos años.
— ¿por qué el hada madre no utiliza sus poderes? — le pregunta desconcertada la pequeña.
— Realmente no se porque, pero si tenia mucho tiempo, creo que la han pasado más de 150 años cuando la vi por última vez, incluso aún no había alcanzado mi aspecto actual — cuenta Fingolfin dejando aún más desconcertada a la pequeña.
— Tienes muchos años, yo solo tengo 7 años — le dice Diyarly, enseñando 7 dedos de sus manitas.
— Eres aún muy pequeña mi niña, y yo también realmente, Aragorm tiene más de 1000 años — dice Fingolfin a Diyarly y ella abre los ojos impresionada.
— Pero el hada no se siente bien — afirma la niña
— Si, quedo bastante débil el hada madre después de eso, pero tranquila estará bien.
— Debemos llevarle algo para que se sienta mejor — propone la pequeña.
— Claro le podemos llevar frutas, pero debemos ir al huerto de Dubérnico.
— ¿Quién es ese señor?
— Un elfo amigo que tiene el huerto con las mejores frutas.
Fue así que se fueron rumbo al huerto de Dubérnico.
— OK pequeña yo ayudare a pasar a la huerto y tomaras algunas frutas sin que nadie te vea — le dice Fingolfin a Diyarly.
— Adelante entonces — responde de acuerdo a lo que dice Fingolfin.
— En la parte cerca de la cabaña tiene las manzana la fruta favorita de el hada madre, pero es muy riesgoso.
— Solo tomaré higos — dice la pequeña y al mismo tiempo entre en el huerto.
La pequeña decide ir a donde están las manzanas ya que le invade la idea de que al hada madre le gustaría más las manzanas por ser estas sus favoritas, y al estar ya cerca escucha un “¿Qué desgraciado está en mi huerto?” la pequeña del susto toma unas cuantas manzanas y corre dando gritos al correr, el elfo Dubérnico sale con una hoz y empieza a perseguir a la pequeña.
— ¡corre Diyarly, corre! — le grita Fingolfin a la pequeña, mientras sostiene la cerca y ella pasa apresurada dejando caer manzanas en su corrida hacia la cerca.
— ¿No era tu amigo? — pregunta la pequeña a Fingolfin.
— Si, solo que él aún no lo sabe.
Ambos después de aquel altercado se dirigen a donde estaba el hada madre, en la gran comarca de las hadas, es allí donde encuentran a la hadas muy cabizbajas y desanimados, cuando se topan con el hada Kalasi.
— Hada Kalasi, ¿por qué todas las hadas se hallan tristes? — pregunta Fingolfin.
— El hada madre esta demasiada débil y se cree que no pueda seguir siendo el hada madre o peor que muera, se espera lo peor — responde Kalasi con una cara muy melancólica.
— Nosotros le traemos manzanas — interrumpe y dice la pequeña Diyarly.
— Quizás quieras llevárselas pero no molesta al hada madre — le dice el hada Kalasi mientras el elfo solo se queda observando como la pequeña se dirige al sus aposentos.
— ¡Pequeña Diyarly! — dice una moribunda hada madre.
— Hola hada, te traje unas manzanas — dice la pequeña.
— Pocos saben mi nombre, ya que hace mucho tiempo me convertir solo el hada madre, pero mi nombre, el dado por mis padres es Alena y siempre fui el hada excluida de todos por no tener poderes como las demás hadas; fueron años tristes y difíciles — mientras su voz de momento se quebraba seguía contando.
— Hada madre debería descansar, se oye cansada — interrumpe la pequeña y tomando las manos de aquella hada.
— Tranquila pequeña estoy bien — responde el hada madre y continua contando.
— En aquellos días me asediada la idea irme y dejar todo atrás, pero sabía que eso no me daría poderes solo quería alejarme de quienes me rodeaban, y para mí sería necesario; así que lo hice y partí en búsqueda de mi destino y fue allí a donde halle a la diosa Mistra y ella me concedió poderes pero a cambio de un gran favor y para esa época no entendí, pero ya entendí mi pequeña y todo se debía a ti. La dios Mistra me dijo que tendría poderes ilimitados hasta el día que tuviese que defender a una niña la cual seria su portadora y esa última vez que usare mis poderes me provocaría casi morir — contaba el hada madre Alena mientras ya se le iba la vida del cuerpo.
— Lo último que me dijo la diosa era que tu mi pequeña de largos cabellos, que debías seguir a tu corazón y llegarías a donde esta la flor de zinnia y allí sabrás que hacer — seguía diciendo una débil hada.
— Querida Diyarly es mejor que dejes descansar a el hada madre — irrumpe el hada Kalasi diciéndole a la pequeña Diyarly.
— Pero no se a donde debo ir — dice la pequeña sin querer salir del aposento de el hada madre Alena.
— ¿ir a dónde? ¿de que estas hablando? — le pregunta el hada Kalasi a la pequeña con cara de desconcierto.
— El hada Alena me ha pedio ir a donde esta la flor de zinnia a ver a la diosa Mistra — le dice Diyarly a una muy desorientada Kalasi por lo que esta contaba.
— Mi querida Diyarly, esas solo son leyendas, no son reales o nadie ha visto ni una diosa Mistra ni una flor llamada zinnia. Y dime ¿Por qué haz llamado al hada madre, Alena? — le dice mientras la toma de la mano y la lleva a la cabaña.
— El hada me lo ha contado todo, sobre sus poderes, su nombre y sobre la diosa Mistra quien fue que le concedió aquellos poderes — intenta explicar pero aun así el hada Kalasi duda de su palabra haciendo señales de negación a todo lo que la pequeña dice.
— El hada madre esta muy débil, lo más probable es que este delirando y diciendo cosas que son leyendas — continúa diciendo el hada Kalasi.
— Las leyendas quizás sean reales — interrumpe en la conversación el elfo Aragorm.
— ¿De que estas hablando elfo? — pregunta el hada Kalasi.
Los días pasaron y Diyarly empezaba a entender más sus nuevos poderes, y ahora ya tenía 15 años y aunque la llamaba la nueva diosa, ella aún no se acostumbraba a aquel mote y no sentía que fuese un ser un místico como todos aquellos a quienes observo impresionada. Entendía lo que decían aves con su canto y esto fue algo que debía aprender a sobrellevar porque esto la atormentaba el entender hasta el paso del viento, era muy extraño para su mente y en ocasiones solo quería silencio y este no lo hallaba. El hada Kalasi le aconsejaba para aprender a dominar alguno de sus poderes, y se iban a la pradera a practicar.
— Lo importante que debes entender es que los poderes no es lo que debes aprender a dominar, sino a tu mente — le dice el hada Kalasi a Diyarly.
— Pero no se como dominar mi propia mente — afirma la joven Diyarly.
— Ven conmigo quiero que intentas algo — le invita a seguirla el hada a Diyarly, dirigiéndose a donde estaban unas rosas secas.
— ¿Qué pretendes que haga? — pregunta la joven Diyarly viendo las rosas.
— Quiero que les de vida a esas rosas — dice Kalasi.
— No se como hacer eso aun — responde dándose la vuelta e intentando irse Diyarly.
— ¿Que haz aprendido en años? — pregunta el hada en tono de reto.
— Aprendí a comunicarme con las aves — afirma la joven con una risa en su rostro.
— Necesitarás más que hablar con aves para ser la diosa Mistra — le dice el hada regañadiente.
— Pero yo no quiero ser la diosa Mistra — declaró en son de rebeldía la joven.
— ¿y que procuras ser? — cuestiona el hada de manera sarcástica.
— Seré la diosa Diyarly la que no se conoce así misma — dice con firmeza la joven y después suelta una carcajada.
— Entonces se la mejor diosa Diyarly que haya existido — dice Kalasi señalando a las rosas.
— Mira como haré esto — dice la joven y de ella se desprendían destellos de luz que hacían que las rosas volviesen a la vida y fuesen más hermosas que antes.
— Tienes un gran potencial, solo debes aprender a como usarlo.
El hada solo quería sacar el mayor potencial y necesitaban que la joven se encontrase a sí misma así que se le ocurrió algo más arriesgado, pero serviría para sacar el mayor potencial.
— Diyarly quiero que me acompañes a las cuevas — pide el hada a Diyarly.
— Pero en esas cuevas viven los puka, tu misma me prohíben ir a esos lugares ¿Por qué quieres que te acompañe? — le cuestiona la ahora poderosa joven.
— Es necesario y tranquila iremos sin ser percibidas, ya he ido muchas veces — dice el hada para así calmar a Diyarly.
— Confío en ti pase lo que pase y lo sabes, pero me da miedo ir a allí — afirma con un claro nerviosismo en su rostro.
— Nunca ha visto un puka, no sabes ni de qué hablas — le dice el hada a Diyarly para calmarla.
— Pero me haz enseñado a temerle a algo que nunca he visto y tu misma creaste ese medio irracional en mí — sigue diciendo la joven.
— Vas conmigo y todo estará bien — dice el hada y así emprende su camino a las cuevas.
Al caminar por unas horas, al fin ya llegan y hallan la cueva donde se encuentra el domador de los puka, aquel lugar era frío y se cubría de oscuridad.
— Es aquí donde yace los puka y su domador — dice el hada Kalasi a Diyarly y esta la mira con nerviosismo.
— ¿Por qué estamos acá? — le pregunta con miedo la joven.
— Solo te la enseñare, no vamos entrar solo la rodearnos — afirma el hada y empieza a rodar la cueva cuando escuchan ruidos.
— Silencio, silencio joven — dice el hada tomando del hombro a la joven.
— ¿Son los puka? — empieza a pregunta y tener miedo la joven Diyarly.
— Solo haz silencio y no nos escucharan — intenta calmar a la joven el hada.
— Debemos irnos — dice la joven y se da la vuelta, tropezando al hacerlo y una docena y incluso más de puka las rodean y toman al hada junto a la joven, pero Diyarly logra zafarse.
— Suelten a Kalasi y nos iremos sin hacerles daño — dice la joven Diyarly muy alterada, y los puka solo gruñían.
— Les daremos comida si es eso lo que quieren pero por favor suelten al hada — sigue diciendo la joven Diyarly.
— ¿Acaso entiendes lo que dicen estas criaturas? — le pregunta el hada a la joven.
— Al parecer logró comprender lo que dicen estas repugnantes criaturas — dice la joven y está ya se estaba colmando de su paciencia.
— ¡huye! — grita el hada para procurar salvar a la joven.
— No te dejare acá Kalasi — dice muy enojada la joven y toma a un puka, este la intenta morder y la joven hace que el puka empiece q envejecer al punto de terminar hecho solo polvo.
— Los matare a todos si no sueltan a Kalasi — dice la joven y las criaturas sueltan al hada y emprenden su huida.
— Es mejor que nos vayamos de aquí — le dice el hada siendo tomada de los brazos por la joven.
— Dijiste que nos pasaría nada y casi mueres — le dice decepcionada la joven.
— Creo que esto salió mejor de lo que esperaba — afirman el hada y deja desconcertada a la joven.
— ¿A qué te refieres al decir esto? — pregunta enojada la joven.
— No soy lo suficientemente fuerte para hacer polvo un puka pero soy capaz de salir volando, aunque no lo haría sabiendo que te dejaba allí con esas criaturas — afirma la muy malherida hada.
— ¡Te dejaste lastimar para hacerme usar mis poderes! — muy enojada la joven suelta al hada en una piedra y la encara por sus acciones.
— Pusiste en riesgo no solo mi vida sino también la tuya, para provocar usas mis poderes de una manera sádica y despiadada — sigue diciendo estando furibunda la joven y el hada solo asienta con la cabeza por estar consciente del error.
— Se que no fue la manera correcta pero lo creí necesario, si buscaba sacar tu mayor potencial — se justifica el hada sin lograr mucho efecto.
Ambas se van a la cabaña a recuperar fuerzas y el rey Malghor llega sin avisar, sorprendido a las que estaban allí y dejándolas atónitas.
— ¿A dónde andaban y por qué estás herida Kalasi? — pregunta Malghor viendo a una Kalasi herida.
— Me caí por un risco — dice de manera sarcástica el hada.
— Eres un hada, puedes volar ¿A dónde fueron? Quiero la verdad — alza la voz el rey Malghor y ambas se sujetan al silencio.
— Fuimos a donde están los puka — irrumpe en la conversación la joven.
— Acaso han enloquecido o les estorba el hecho de estar vivos — regaña Malghor a la joven y al hada por sus acciones estúpidas.
— ¿Por qué insiste en que son seres despiadados y peligrosos? — se cuestiona la joven.
— Creo que eres la menos indicada para afirmar eso — añade el hada.
— ¿Y tu por qué dices eso? — le pregunta Malghor a Kalasi, esperando una respuesta inmediata.
— La niña que algún día quisiste que se fuese, acaba de desintegrar a un puka sin ponerle un solo dedo encima — afirma desafiante el hada Kalasi a Malghor.
— Mis acciones pasada no pueden ser corregidas, pero si compensadas — dice con una sonrisa de oreja a oreja el rey.
— No hace falta, yo soy consciente de lo importante que era el deber de preservar las normas naturales del bosque — añade la joven Diyarly a la conversación.
— ¡por fin! Alguien que comprende la sustentabilidad que significa las decisiones drásticas que solo tienen un objetivo. ¿sabes cual es ese objetivo hada Kalasi? — le pregunta el rey Malghor al hada.
— La subsistencia y preservación del bosque — dice el hada casi entre los dientes.
— ¿Te cuesta aceptar la verdad o temes ser oída en voz alta? — sigue cuestionado el rey al hada.
— No aceptaré que alguien que ha tomado decisiones poco morales me iga que es lo correcto o no — dice el hada retirándose a una de las habitaciones, dejando la con la palabra en la boca al rey.