Capítulo 3

3044 Palabras
Capítulo 3  Mi vida en Italia continuó como si nada, sé que Alison ha sufrido mucho por mi ausencia en su vida, pero que más podía hacer, sino alejarme de ella antes de que mis deseos me traicionaran. A mí también me dolió mucho dejarla y causarle ese dolor, pero era necesario poner distancia entre nosotros o de lo contrario podía caer en tentación y cometer una locura de la cual, me iba a arrepentir el resto de mi vida. Lo único que podía hacer para mantener nuestra relación viva como hermanos, era llamarla casi todos los días, teníamos conversaciones muy largas y divertidas, ella me contaba su día a día, sobre los desfiles de moda, sus amigas, la escuela, bueno, sobre todo y yo por mi parte también le contaba las mías. Escuchar su voz me afectaba más de lo que quería aceptar, pero sabía que sí me alejaba de ella tajantemente, eso la devastaría. Cómo lo mencione antes, siempre fuimos muy unidos, ni con sus otros hermanos se lleva como se lleva conmigo. Con el tiempo mis actividades en la empresa y mis últimos semestres en la escuela me absorbían hasta el punto de llegar tan cansado que lo único que quería era llegar a descansar y me olvidaba de llamarla. Poco a poco mis deseos se fueron apagando, así que supuse había tomado la mejor decisión al alejarme, con el tiempo y la distancia logre recuperar la gordura y creí perder el interés en ella. Me dije a mi mismo que solo había sido un capricho para mí y entonces, comencé a relacionarme sexualmente con varias mujeres. Tuve algunas aventuras con mujeres de todo tipo, todas hermosas, también algunas novias que satisfacían mis necesidades, pero la verdad es que ninguna de ellas me llenaba por dentro, ninguna despertaba en mis esos sentimientos de amor, aún había un vació en mi corazón, un vació que no podía explicar. Ninguna de esas mujeres era como ella, mi dulce Alison era la única en mi corazón y con el pasar de los años seguía muy metida en mi mente y mi corazón a pesar del tiempo, pensé superar esa etapa de atracción prohibida, pero la verdad es que el tiempo solo los anestesiaba temporalmente. Mi trabajo me mantenía muy ocupado, desde antes de graduarme mi padre y el tío Óscar (el hijo de mi nana Ivana, que descanse en paz), bueno, ellos me entregaron la empresa de la familia Marchetti para que yo me hiciera cargo de ella en su totalidad. Estoy por graduarme en cinco días y mi familia vendrá para estar a mi lado en un día tan memorable como este, mientras termino de organizar mi agenda con Iris, mi asistente y atender mis últimos pendientes del día, es escucho sonar mi teléfono. Lo tomé del escritorio para ver de quien es la llamada y me percato de que es ella, sonrío y contesto, mientras Iris se retira para darme privacidad. - Hola pequeña. - Hola, mi príncipe encantador – río por su manera de llamarme, lo hace desde que vimos las películas de Shrek. - Nunca dejarás de llamarme, ¿así? - No y lo sabes. – ríe divertida – oye, en dos días estaremos por allá. - Cierto, ya lo sé, entonces, dime, ¿a qué debo el honor de tu llamada? - Bueno, es simple - contesto juguetona - creo que también sabes que ya no soy más una niña – hizo una pequeña pausa – ya tengo 18 y ahora si puedes llevarme a un club para divertirnos juntos. - Lo prometí y lo cumpliré. - Eso espero… Dante. - ¿Sí? - ¿Me extrañas? - pregunto de repente y me quede un poco sorprendido. - Sabes que los extraño todo el tiempo, son mi familia. - He preguntado su me extrañas a mí, Dante. — contesto con exigencia. - Claro que sí, ¿por qué la pregunta? - Porque llevas meses sin llamarme y supuse que te habías olvidado de mí y eso me pone triste. — respondió en tino amargo. - Lo siento pequeña, pero he tenido demasiado trabajo y no he podido llamarte… me perdonas. - Solo si me llevas a pasear cuando este por allá. - Está bien, lo haré. Conversamos un poco más y después de colgar sentí las pulsaciones aceleradas de mi corazón ante las declaraciones de mi pequeña hermana. Dentro de poco la tendría cerca y saber eso hace que mi ser se estremezca de nuevo, cuando pensé haber apaciguado mi corazón. Sobre todo, porque he prometido llevarla a pasear. (…) El día tan esperado al fin llego, mi familia está en Italia y la gran casa que solía estar llena de silencio y tranquilidad se ha vuelto un campo de batalla con mis hermanos y mis primos. No solo han venido mis padres y hermanos, sino también mis tíos; Mariam, Fabrizio, Yara, Franco, Odette, Connor, Abhril, sus respectivos hijos y los padres de mi madre, por suerte la casa que era de la abuela es demasiado grande. Todos están aquí para celebrar conmigo un momento tan especial e importante en mi vida y mi profesión, con la casa llena me sentí un poco ofuscado, pero sobre todo muy ansioso por su presencia a mi alrededor, pues desde que llego no deja de seguirme a todos lados con su espectacular figura. Desde el segundo día de haber llegado mi madre y mis tías organizaron una fiesta para celebrar mis logros después de mi ceremonia de graduación y la verdad es que se esforzaron mucho, porque todo quedo sensacional. Ese día fue muy especial y alegre para mí y que todas las personas que me aman estén a mi lado, bueno es increíble. Durante la celebración se hicieron varios brindis en mi honor, mis abuelos André e Irina me felicitaron y me demostraron lo orgullosos que se sentían por mis logros. Y ni se diga de mi padre, él era el más feliz, la comida, las bebidas, la música y el postre, bueno, todo estaba de maravilla. Antes de terminar la celebración, a la cual no solo asistió mi familia, sino amigos de mis padres y compañeros, mi abuelo y mi padre se levantaron en copas para anunciar que yo era el nuevo presidente de la empresa familiar. Obviamente, después de prepararme y trabajar allí durante estos años, me siento más que feliz por el nombramiento, la celebración concluyo y los chicos y yo fuimos a seguir la celebración en algún club. Alison quiso ir, pero mi madre se negó, lo cual agradecí porque de haber ido no me habría podido des atrampar con los chicos. Claramente, yo ya no era un adolescente, ahora era un hombre con una vida s****l muy activa y no me interesara que Alison conociera esa parte de mi nueva vida. Días más tarde, mis padres me anunciaron que se quedarían un poco más de tiempo, pues mi abuelo estaba muy enfermo y ellos deseaban pasar más tiempo con él, sobre todo por la distancia. Alison permanecía muy cerca de mí, tanto que me comenzaba a afectar de nuevo, eso era lo que más temía desde que supe que vendría. Y como no quería perder el control, decidí enfocarme en mi trabajo para no tener que verla todo el día, por suerte en esos días tuve mucho trabajo y algunas reuniones hasta tarde, por lo cual llegaba muy tarde a casa. En algunas ocasiones después del trabajo me iba con Alondra, una amiga con la que solía pasar las noches y liberar mis tenciones. Alison y yo casi no nos veíamos, y las pocas veces que nos encontrábamos, era para cenar o almorzar y hablábamos muy poco, porque después me iba de nuevo. Honestamente, me sentía fatal al verla triste por mi lejanía, su bello rostro no ocultaba, lo sentí y eso me descolocaba, sobre todo porque sabía que yo era el causante, sabía que distanciarme aún más de ella, le afectaría, pero era por su bien. Nuestra relación era tan cercana, no solo era su hermano, sino también era su confidente, yo su amigo en quien ella confiaba y de la noche a la mañana todo cambio. Una noche, si más mi madre me llamo para avisarme que tendríamos una cena muy importante en la casa, así que era indispensable que yo estuviera, y las órdenes de mi madre se cumplen, al menos eso nos enseñó papá. Esa noche tuvimos una cena de familiar muy agradable, estaban todos los amigos de mis padres a quienes se les consideran familia y mis abuelos, los cuales se irían al día siguiente de regreso a NY. Mi madre quiso hacer una cena de despedida y así fue. Todos juntos en una gran mesa, riendo y disfrutando del momento en familia era bello, hacía mucho tiempo que no lo hacíamos y la verdad es que lo extrañaba. Esta vez se me ocurrió la magnífica idea de llevar a una de mis amigas, de esas que tengo con beneficios, Celeste, ya que siempre que mis tías (Mariam, Odette, Yara, abril) y mis abuelas, se reúnen, no pueden evitar abordarme con el tema de mis relaciones amorosas. Le conté a mi amiga y ella gustosa acepto en acompañarme. Ella era una hermosa puertorriqueña de cuerpo descomunal, que llevaba 5 años viviendo en Italia y la conocí casualmente en uno de los muchos eventos sociales a los que asistía como invitado especial en representación de la empresa, Max, Ulises y yo, acostumbramos a ir en busca de una buena noche. Y en una de esa noche conocí la bella Celeste, quien es especialista en marketing y trabaja para Maurizio Bella, uno de los socios de mi padre. En cuanto Alison me vio llegar con ella colgada de mi brazo, puso mala cara y toda la noche estuvo de mal humor. No me dirigía la palabra ni me volteaba a ver para nada. Pero, no le tome mucha importancia, al finalizar la cena Celeste se despidió de todos, incluso de mi pequeña hermana, la cual la ignoro. Luego llevé a su departamento, donde tuve la intención de quedarme con ella toda la noche, pero recordar la cara de molestia de Alison me corto los ánimos. Al llegar a casa me percaté de que todos estaba durmiendo, pero yo aún no tenía sueños, así que me fui un rato al despacho, luego de entrar me serví un trago para relajarme un poco y me senté en el amplio sofá. En mis pensamientos, solo estaba ella y su actitud tan grosera con Celeste, la verdad no comprendía la razón por la que actuaba de esa manera y podría quebrarme la cabeza toda la noche intentando descifrarlo y no llegar a una conclusión. Una hora más tarde, después de cansarme de tanto pensar, decidí irme a descansar, así que subí a mi habitación y mientras caminaba por el pasillo, sentí su dulce aroma. La cual me provocaba un torbellino de sensaciones solo con olerla, días atrás me había dado cuenta de que Alison entraba en secreto a mi habitación, lo sabía porque es inevitable que no deje su perfume impregnado en mi cama. Seguí caminado hasta que pase por su puerta, pase de largo, pero un extraño sonido llamo mi atención, me detuve y retrocedí hasta quedar justo enfrente de su puerta. Abrí sigilosamente y me quedé mudo al verla, Alison se estaba tocando así misma, el morbo de verla me hizo quedarme a ver su momento íntimo. Parado en la entrada con la puerta entre abierta, la observé en silencio y mi deseo incendió todo mi cuerpo. Era un espectador pervertido viendo a su propia hermana, pero no podía dejar de hacerlo, su pecho subía y baja por la respiración agitada, una de sus manos estaba entre sus piernas dándole placer y la otra masajeaba uno de sus hermosos senos. Se me hacía agua la boca al ver sus exquisitos pezones rosados bien erectos, quería morderos, sus pequeños gemidos me estaban volviendo loco. Sentí mi m*****o palpitar, duro y aprisionado en mi pantalón, suplicaba ser liberado. Me debatía entre lo bueno y lo malo… y gano lo malo, pues no puede resistirme más la maravillosa tentación ante mis ojos. Sin pensarlo, entre sigilosamente, cerré la puerta detrás de mí sin hacer el más mínimo ruido para no asustarla… me deje llevar y camine hasta ella, me detuve al pie de la cama y solo observe con atención. Alison al darse cuenta de mi presencia, me miro a los ojos y sonrío, por un momento creí que se asustaría, se levantaría asustada, comenzaría a gritarme y luego echarme de su habitación. Pero, no fue así, supongo que estaba tan excitada, que verme ahí parado como testigo de sus sucias travesuras, la prendió aún más, porque siguió con su labor. Dándome un excitante espectáculo e incitándome a participar en él, lentamente me acerqué a ella, las manos me picaban por tocarla, así que recorrí sus largas piernas con boca y mis manos, deslicé mis labios hasta su vientre, mis manos se encontraron con la suya en movimiento. Al sentirme ella la retiro su mano y yo continué mi recorrido hasta su entrada, con mis dedos delineé sus pliegues vaginales y… Carajo, estaba completamente húmeda. Introduje mi dedo en su interior hasta encontrar su botón de placer, ella gimió con fuerza ante mi tacto en esa zona. Tuve que subir hasta su boca para sellar sus labios con los míos y así evitar que alguien la oyera. Paso de un simple beso a un beso feroz y necesitado, un beso deseado – Dios, su boca era tan dulce que me perdí en ella, Alison me tomo de la nuca para profundizar más y podernos devorar, nuestras lenguas danzaban la una con la otra. – Dios, era un deleite que ni en mis más perversos sueños con ella me los habría imaginado. Devoré su boca hasta que sentí que nos quedábamos si aire, mientras tanto mi mano continuaba con su labor manual, logre atrapar más de uno de sus gemidos en mi boca. Me separé un instante para recuperar el aliento, pero ella pasó sus brazos por mi cuello y siguió el beso de una manera, más tranquila, dulce, pasional, urgente y deseosa, todo a la vez. Introduce un segundo dedo en su interior, gimió en mi boca y mordió mi labio inferior cuando comencé un vaivén con mis dedos en su interior. Con el movimiento de sus caderas me siguió el ritmo y su cuerpo comenzaba a temblar de una manera descomunal, anunciando su próximo orgasmo. Mi m*****o estaba más que duro y listo para entrar en acción, pero no tenía la intención de entrar en ella, no podía, ya era suficiente con lo que estaba haciendo y tenía que contenerme. Solo quería disfrutarla un poco más de esa disposición que ella me había dado, era una oportunidad que nunca imagine tener y no la podría desaprovechar a pesar de saber que estaba mal. Abandoné su boca, para lamer y besar su hermoso y suave cuello – Me vuelves loco – le susurré al oído antes de morder el lóbulo de su oreja. Comencé a descender con mis besos dejando un rastro húmedo de ellos, llegué a sus hermosos senos, los cuales moría por probar y sin demora alguna los introduje uno a uno en mi boca, los saboreé como si fueran mi caramelo favorito y los mordisquee hasta dejarlos aún más erectos, su cuerpo vibraba con cada caricia. Seguí bajando y me detuve en su monte venus, le di algunos besos y roce ms labios contra su piel, luego levanté la mirada para encontrarme con sus profundos ojos grises y la observé esperando su permiso para lo que deseaba hacer. En respuesta, ella abrió sus piernas para mí, indicándome que también lo deseaba. Se me hacía agua la boca por probarla, así que no perdí más el tiempo y comencé a devorar saboreando cada centímetro de su mojada y exquisita intimidad. Su sabor era tan delicioso, tan adictivo, tan embriagador que no podía parar, estaba perdido y demasiado excitado como para darme cuenta de lo que estaba haciendo. Alison no para de gemir, se cubrió la boca con su mano para no gritar demasiado, podía sentir su respiración agitada, jadeaba cada vez que me concentra en su punto de placer. Me estaba volviendo loco, de pronto su cuerpo comenzó a vibrar con intensidad, sus piernas temblaban y pude sentir un ligero hormigueo en mi lengua, ella estaba lista para correrse en mi boca. – Dante… ahh… no puedo más – dijo entrecortando las palabras, entonces acomodé sus piernas sobre mis hombros, sujete sus caderas para que no cerrara las piernas y devore con más intensidad todo a mi paso, seguí hasta que sentí sus fluidos en mi boca – Dante, Ahh, Ahh – ella gritó mi nombre entre gemidos al momento de liberarse, mientras tanto yo absorbí todo lo que su dulce intimidad me había regalado. Salí de entre sus piernas y me recosté sobre su vientre por un momento, mientras mi respiración se normalizaba, ella estaba igual. El silencio en la habitación era agradable, pero la culpa no tardo en hacerse presente en mi cabeza, entonces me levanté de golpe, la miré a los ojos, no sabía que decir después de lo que había pasado. Ella también parecía confundida, el momento paso de ser una travesura íntima a solas, a ser un momento caliente con su hermano. Decidí que las palabras sobraban en ese momento, así que rápidamente camine hacia la puerta y salí de la habitación sin mirar atrás. Entre a toda prisa en mi habitación, cerré la puerta con seguro y luego entre al baño, desabroche mi pantalón, libere mi duro m*****o y con mi mano atendí la situación hasta liberarme, al terminar me vi al espejo y aún no podía creer lo que acaba de hacer. — Dante, te irás al infierno - me dije a mi mismo a través del espejo. A la mañana siguiente me fui lo más temprano que pude a la oficina, no tenía el valor de verla a la cara y mucho menos de ver a mis padres de frente, sin que el remordimiento me carcomiera por dentro…
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