Ella asintió con la cabeza mientras tomó una copa vacía, Deméter tomó la jarra con una sonrisa y vertió el contenido en la copa, luego procedió a llenar la otra copa, dejó la jarra sobre la mesita de noche y tomó su copa. – Te voy a extrañar mucho, mi pequeña. Ve y vuelve en seis meses sana y salva. Perséfone asintió, aunque claramente el brillo de duda se quedó en su rostro. Ella bebió toda la copa dejándola casi al instante segundos después. – Entonces madre, ya debo… Justo cuando la diosa se puso de pie, comenzó a tambalearse, Deméter dejó la copa y tomó a Perséfone entre sus brazos. – Hija mía ¿qué tienes? Ven, descansa un poco en la cama. La voz preocupada de Deméter no coincidía para nada con su sonrisa emocionada. Dejó a su hija echada en la cama completamente desmayada y cuan

