Deméter se levantó impulsivamente, sus ojos brillaron dorados de ira. Retrocedí, sin duda esa señora estaba loca, tenía que salir de aquí. Al parecer mi silencio la satisfizo porque una sonrisa arrogante apareció en sus labios y volvió a hablar. – Parece que en la otra vida mi intento anterior de alejarte de ese dios fúnebre no funcionó, en esta vida te guiaré de la mejor manera. De nuevo mi carácter de pelirroja furibunda me estaba ganando y estaba a punto de abrir la boca y ponerme a pelear con esta señora, pero la puerta nuevamente se abrió. Frente a mi estaba un hombre, esa sonrisa y mirada divertida, esas cejas bien perfiladas y espesas, barba bien cortada y delineada, piel bronceada, cabello n***o y corto. Yo conocía a ese hombre, era el hombre que atendí una vez en mi floristería.

