Capítulo 19

1159 Palabras
RUBÍ Un mes atrás – Muchas gracias, vuelva pronto. Me despedí con mucha alegría de un cliente. Ese día había sido muy ajetreado, de pronto vinieron varios clientes pidiendo ramos pequeños y, gracias a una señora amable me enteré que en el colegio que esta cerca de mi floristería estaba celebrando la graduación de sus alumnos así que esos ramos que hice eran regalos para los graduados. Mis ramos hechos con mucho amor se vendieron y serían hermosos regalos, eso me llenó de alegría. Mientras tarareaba comencé a ordenar mi mostrador que estaba hecho un desastre, no quería que pensaran que yo era una desordenada, no en mi local. Miré a un concentrado Damián que se encontraba en la parte de atrás de mi local tecleando en su laptop, desde que llegamos no se había movido más que para ayudarme a cargar algunas cosas que pesaban demasiado. ¿En qué estaría trabajando? Desde hace un tiempo acá era lo único que hacía, atrás se habían quedado los momentos incómodos o las tensiones entre nosotros, casi extrañaba esos momentos en los que él parecía comerme con la mirada. Ahora solo estaba ahogándose en lo que sea que hiciera con su trabajo, entendía, claro que entendía pues yo también era alguien parecida, pero si me ponía un poco triste. Si fuéramos una pareja seríamos un matrimonio que cayó en la monotonía, qué triste. En medio de mis pensamientos depresivos escuché el sonar de la campanilla que avisaba la llegada de un nuevo cliente. – Bienvenido. Frente a mi se encontraba un hombre vestido con un pantalón n***o, zapatos negros, camisa del mismo color desabotonada en la parte donde se supone que debía ir una corbata y un saco n***o también. No era experta en moda, pero podía notar que ese hombre vestía un traje caro. No solo era el traje, sino que todo en él exudaba sofisticación y seguridad. Dios Santo, su rostro, ¿era un modelo? Tanto su cuerpo bien proporcionado como su rostro eran un crimen. Cejas bien perfiladas y espesas, barba bien cortada y delineada, piel bronceada, cabello n***o y corto. – Buenos días, señorita. Dios, hasta su voz gruesa era sexy. No supe en qué momento se acercó, pero cuando lo noté, su mirada divertida y la comisura de sus labios hacia arriba me indicaba que había pasado mucho tiempo en silencio. – Ehm, sí, sí. Bienvenido, señor. ¿En qué lo puedo ayudar? – Necesito dos ramos. Uno para varón y otro para una dama. Mi hermano menor al fin va a comprometerse y quiero ir con algo especial. Oh, así que los ramos son para su hermano y para su pareja. Eso me pareció muy dulce, eran pocas las ocasiones en las que me hacían pedidos para varones por ser demasiado femenino, me alegraba saber que un hombre tan guapo como a él no le importaba tanto aquello. – Bien, ¿Tiene alguna flor especial que desee? – La verdad no tengo mucho conocimiento sobre flores, espero su cooperación para guiarme si no fuera mucha molestia. Sonreí mientras salía de mi mostrador dirigiéndome a donde estaban todas mis flores. – ¿Qué le parece un ramo de tulipanes o de orquídeas tal vez? Para su hermano podría hacer un hermoso ramo de tulipanes y orquídeas celestes y blancas. El azul representa lealtad, alegría, afecto y buenos deseos. El hombre se acercó y se puso a mi lado mirando fijamente toda mi extensión de flores. No sabía exactamente qué estaba haciendo alguien como él en una floristería como la mía, estaba segura que había una gran cantidad de floristerías que le podrían ofrecer ramos con flores mucho más exóticas que las mías. Y para empezar no sabía qué estaba haciendo un hombre como el por estos lares, se notaba que no pertenecía aquí. No es que estuviéramos en un barrio peligroso o de baja categoría, pero encontrar a alguien como él vagando por un barrio donde solo había gente de clase media era raro. – Bueno, para el ramo de varón creo que estaría bien un ramo de tulipanes azules y para el ramo de dama… ¿Qué le gustaría que le regalen? El hombre me miró fijamente esperando mi respuesta. Seguro necesitaba una opinión femenina y como única mujer aquí debía guiarlo así que decidí responder con sinceridad. – Personalmente mis flores favoritas con los tulipanes rosas, pero todo depende de lo que le guste a la dama. Y si no la conoce bien creo que un ramo entregado con sinceridad es el mejor regalo del mundo. Sus ojos marrones brillaron y por un momento pensé haber visto un destello dorado en ellos. – Qué interesante. – ¿Perdona? – No, no es nada. Quisiera el ramo de tulipanes azul y un ramo de tulipanes rosados, por favor. Asentí con la cabeza y saqué rápidamente los materiales. Por alguna razón su presencia me ponía nerviosa. Mientras hacía los ramos, aquel hombre caminó por todo mi local mirando las flores, deteniéndose un momento para observarlas y volviendo a caminar y observar. – ¿Puedo preguntar hace cuánto tiempo tiene esta floristería? – Claro, esta floristería ha estado con mi familia hace más de veinte años. Mi madre fue la dueña original así que luego yo tomé el mando. – Este trabajo es solo para los que aman las flores. No cualquiera puede cuidar y mantener a todas estas flores. – Me encantan las flores y la naturaleza, desde niña amaba ayudar a mi madre con esta floristería. – Su madre debe ser una persona muy afortunada por tener un hija tan entregada y apasionada. Sonreí, de verdad esperaba que mi madre donde sea que estuviera se encontrara orgullosa del trabajo que había hecho. No solo trabajaba duro porque me gustaban las flores sino porque quería que el legado de mi madre viviera bien. – Listo. Aquí están sus dos ramos. Son 184 dólares. El hombre se acercó y sacó su billetera. Me dio 200 dólares mientras tomaba el ramo de tulipanes azules. – Gracias. Ahora le doy su cambio. – No se preocupe, quédese con el cambio. Es un agradecimiento por seguirme la conversación. ¿Tiene alguna tarjeta de contacto? – ¡Sí, claro! Tome. Estaba eufórica, eso significaba que me contrataría para otras ocasiones. El hombre tomó la tarjeta que le di guardándola en uno de sus bolsillos. Tomó el ramo azul y estaba retirándose cuando vi que el ramo rosa seguía en mi mostrador. – Caballero, se olvida su otro ramo. – Oh, ese ramo es para usted. Espero le guste mi primer regalo, señorita. Parpadeé un par de veces, no dejé de ver la puerta incluso cuando ese hombre se fue, luego miré mi mostrador con el ramo. ¿primer ramo? ¿qué quería decir con eso? Mientras seguía mirando el ramo, un Damián atormentado salió de la parte de atrás de mi local. – ¿Qué te pasa? – Secuestraron a Nora.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR