Capítulo 31

1536 Palabras
DAMIÁN ¿Cuánto tiempo había pasado? Había pasado días, pero a mí me parecían semanas desde la discusión que tuve con Rubí. En mi mente aún estaba el rostro dolido, enojado y lleno de lágrimas sin derramar repitiéndose una y otra vez, eso no me dejaba dormir, no me dejaba comer a gusto. Era como si una piedra se hubiera instalado en mi pecho y no me dejara vivir tranquilo. Rubí había cumplido la necesidad que tenía por pedir otra cuidadora y no sabía si sentirme aliviado y agradecido por haberme obedecido o estar decepcionado y enojado porque me obedeció, era tonto, lo sabía, pero esos sentimientos no podía sacarlos. Me enojaba más el hecho de que en todos estos días, esa pelirroja metida no hubiera venido a ver cómo estaba. Seguía recuperándome y mis heridas estaban curadas a un 90%, como guerrero inmortal curaba rápido, pero al ser atacado por un arma divina, la historia era otra ¿Me regeneraba más rápido que un humano? Sí ¿La regeneración era más lenta de lo normal? Claro que sí ¿Eso evitaba que doliera como la mierda? No ¿Eso me daba mal humor? Efectivamente. La puerta sonó y eso hizo que mi humor se vuelva más amargo ¿Quién era? Suficiente tenía con que no podía moverme de este estúpido lugar hasta que me recuperara por completo. Aun así me obligué a hablar. – ¿Quién? La puerta se abrió lentamente y una tímida Rubí apareció. Mi corazón inmediatamente palpitó furiosamente en cuanto la vio ¿Qué me pasaba? Era como si mi corazón hubiese estado dormido antes de ella. Como si estuviera sediento y ella fuera mi oasis de salvación. – ¿Damián? ¿Puedo pasar? – Eh, sí, sí…pasa. Rápidamente intenté acomodarme en la cama. Mi herida me recriminó cuando lo hice, pero me negaba a recibir a Rubí echado como un enfermo. Rubí tomó asiento al lado. Estaba tan cerca y yo quería acercarme, acariciarla, quería volver a sentir esa calidez que extrañaba, pero no lo hice, solo me quedé viéndola mientras ella se quedaba en silencio mirando sus propias manos puestas en su regazo. – Yo…¿cómo te sientes? – Bien, ya casi estoy completamente curado. – Qué bien, entonces pronto podrás volver a tus asuntos. – Sí… El silencio incómodo llenó la habitación y de pronto desee tanto poder tener la labia de Basil, la soltura de Adrián o la delicadeza de Raelus. No podía creer que envidiara a alguien como Adrián en estos momentos. – Yo- – Rubí- – Oh, disculpa ¿qué ibas a decir? – No, no, habla tú primero. Silencio. Carajo, debí mantener la boca cerrada. Una risa suave llenó la habitación y por fin sentí que podía respirar adecuadamente, era irónico que tan solo una mirada, una sonrisa, podría hacer que mi corazón se calmara y todas las dudas se disiparan. – Lo siento, parece que estamos algo nerviosos. Adrián me comentó que estabas de mal humor así que quería venir a ver cómo estabas, después de lo del incendio y lo de la marca mi cabeza estuvo en otro lado. – ¿El incendio? – Sí, solo fueron unos días, pero sentí que pasó mucho más. Y peor aún con la marca de Catalina ¿Puedes creerlo? Todo pasó tan rápido que no supe nada más. Felizmente Catalina y Raelus están viendo el caso de mi floristería porque si no estuviera más estresada. – Espera, Rubí. ¿De qué me estás hablando? Silencio nuevamente. Aunque me gustara mucho oír su voz, no podía evitar esa sensación que me indicaba que había algo que yo no sabía y por alguna razón el no saber cosas de Rubí me desesperaba. Mi pelirroja me miró con confusión, con sorpresa y luego con realización. Su hermosa piel se puso sonrojada y, aunque me gustaba ese color, en ese momento era lo que menos quería. Hice todo lo que pude para mantener la calma y no exigir una respuesta. – Rubí ¿Qué pasa? – Yo no…no pensé que no te dirían y es claro que no te dirían, tu estas recuperándote y vengo yo a contarte estas cosas, lo siento tanto. – Rubí, calma. Respira…eso es. Tranquila, entiendo bien el actuar de mis hermanos, yo habría hecho lo mismo. Era mentira, entendía, sí, pero eso no quitaba la amargura que emergió en mi corazón ¿Porqué no decirme? Entendía que tal vez me encontraba débil físicamente, pero mi mente estaba intacta, podía ayudar de alguna manera. Pero tampoco era como que podía decir mis pensamientos frente a una mujer que notablemente se veía culpable. – Ahora, Rubí ¿podrías contarme qué pasó? Rubí, mi terca y rebelde pelirroja me miraba como si midiera mi sentir. Intenté por todos los medios aparentar la tranquilidad que no sentía y al parecer lo logré porque después de un minuto Rubí soltó un suspiro. – Quemaron mi floristería. ------------------------------------------------------------ – Mi querido Damián ¿cómo estás? Otra vez Adrián venia a visitarme, en todo este tiempo mi tonto compañero vino todos los días a verme, era molesto y a la par algo reconfortante. Pero justo este día no tenía muchas ganas ni paciencia para recibir a alguien tan alegre como él. – Ahora no, Adrián. – ¿Sigues con mal humor? Entonces ¿Rubí no vino a visitarte? – Eso no te incumbe. – Tsk, pensé que decirle que estabas de mal humor haría que ella viniera a verte. – No necesito tu ayuda para ese tipo de cosas. Deberías centrarte más en tus deberes como guerrero y también deberías ordenar todo para poder regresar a nuestro estado. Adrián soltó un suspiro dramático que solo me irritó más, se sentó en el mismo lugar que estaba Rubí hace unas horas y eso solo aumentó mi ira. Mi tonto compañero levantó las manos en señal de rendición, su mirada me decía que estaba confundido y lo entendía, pero mi enojo era demasiado. – Oye, cálmate. Solo vine a visitarte, hermano. ¿Qué está mal? – ¿Por qué no me contaron lo del incendio? Los ojos de Adrián se abrieron en señal de sorpresa, abrió la boca y luego la volvió a cerrar, su mirada llena de remordimiento me caló mucho más. – Yo, hermano…yo quería decírtelo. – Sí, pues no lo escuché de ninguno de mis hermanos. – Oye, Caesar dijo que no te debíamos molestar teniendo en cuenta que tu estabas recuperándote. No quisimos que- – No quisieron que ¿qué? ¿No tenerme en cuenta? ¿No avisarme siquiera lo que estaba pasando? ¿No tenerme en consideración por estar en cama? Creí que éramos guerreros hermanos, que debíamos tener ese tipo de confianza, no entiendo cóm- – No queríamos que vayas por Rubí. – ¿Qué? El silencio llenó la habitación, miré a Adrián con incredulidad y él solo soltó un suspiro para después hablar. – Justamente eso, no me digas que no te has dado cuenta. La forma en la que miras a Rubí con esa posesión, con ese anhelo. Se sincero, Damián, si te hubiéramos dicho lo que pasó con Rubí ¿Hubieras ido a buscarla? ¿Cómo ayudarías cuando tu cuerpo está aún recuperándose? Y si en todo ese caos hubiera sirvientes de Cronos o incluso algún titán y si tu estabas ahí en vez de otro compañero ¿Podrías haber defendido a Catalina y a Rubí de la misma manera que un guerrero sano las podría defender? No dije nada, no pude, ¿qué podría decir con respecto a eso? Adrián tenía razón, ¿Qué podría hacer con este cuerpo que apenas se estaba recuperando? ¿Y por qué me sentía tan inútil ante ese pensamiento? Apreté los dientes en señal de frustración, ¿en verdad era inútil? No eres más que el sobrante de todos. Nuevamente esas palabras resonaron en mi cabeza, ¿no era un sueño pero si la premonición de lo que se venía? – ¿Damián? ¿Estaba condenado como Hades a ser alejado de todo y todos y vivir aislado siempre? – ¿Damián? Estás pálido. ¿Alguno de mis compañeros me traicionaría como lo hicieron en mi vida mortal? ¿De verdad tendría que volver a pasar por esto? Un movimiento fuerte me hizo ver a un Adrián preocupado ¿Por qué estaba tan cerca? – ¡Damián! – No grites tanto. ¿Qué pasa? – Estaba llamándote. No contestabas y te pusiste pálido, ¿Necesitas que llame a la doctora Ruiz? – No, estoy bien, solo estaba pensando. – Cielos hermano. No me asustes así. Me quedé quieto mirando a Adrián, ese compañero tonto que me fue asignado prácticamente al azar cuando empezamos a comprender que Cronos se estaba extendiendo, no lograba entender por qué alguien tan…opuesto a mí, seguía a mi lado a pesar de poder optar por un cambio, incluso vivíamos en el mismo departamento allá en Seattle. Aunque intenté varias formas de que él se mudara, que me dejara solo, no cedía. Entonces siempre me preguntaba ¿Por qué sigue a mi lado? Era algo que no comprendía y ahora con el ataque no podía comprender ¿Lo haría alguna vez? No lo sabía.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR