RUBÍ
Todo fue un caos cuando llegamos. La gente que se paraba a ver era considerable, todos detrás de una cinta amarilla que impedía que sus vidas corrieran riesgo y que los bomberos pudieran trabajar. Por un lado, los policías haciendo algunas preguntas a esas mismas personas que veían asombradas lo que estaba pasando en un barrio relativamente tranquilo, por otro el equipo de bomberos intentando manejar el fuego que claramente se negaba a ser controlado. Y mi tienda. Mi pobre tienda bien arreglada, construida desde cero por mi madre, un lugar donde guardaba tan buenos recuerdos, ese mismo lugar que me vio crecer ahora estaba siendo consumido por las crueles llamas.
Si Catalina no hubiera estado ahí para sostenerme estaba segura que podría haber caído al suelo por el impacto de ver lo único que me quedaba de mis padres destruido. Estaba tan confundida, impresionada, destrozada que no sentí cuando mi amiga caminó conmigo y me llevó al que parecía el jefe de bomberos quien parecía concentrado en su deber.
– Disculpe, ¿Qué pasó?
– Lo siento, pero eso es confidencial. Solo el dueño puede-
– Ella es Rubí Hood, la dueña de la floristería que se está quemando. Como podrá ver mi amiga no está en condiciones de hacer las preguntas y casualmente yo soy buena haciéndolas. Así que ¿Qué pasó?
El bombero en jefe me miró por un segundo con el ceño fruncido, como si estuviera midiendo mi nivel de impacto. Oh chico, créeme que no podría estar más impactada.
Al parecer el hombre se dio cuenta y con un suspiro resignado asintió y se dirigió a mi amiga.
– Recibimos una llamada anónima. Cuando vinimos y revisamos la situación pues…¿sabe si la señorita Hood tiene algún enemigo o ha sido amenazada antes? Creemos que este incendio pudo haber sido provocado.
– ¿Provocado?
El bombero pareció no haber escuchado la pregunta de Catalina por lo que siguió.
– Como sea, será mejor que hablen con el encargado de la policía. Él sabe más cosas, yo tengo un incendio que apagar.
Y sin decir más se fue dejándonos a las dos solas. Mi mirada no dejó en ningún momento mi tienda, mi amiga y yo no dijimos nada, ni siquiera nos movimos. No hubo necesidad de ir ahora con el policía encargado de mi caso porque siendo sincera, no atendería nada de lo que me dijera, además, deseaba despedirme de lo único que consideraba mío.
Aunque Catalina no me dijo nada, ella se encargó de llamar a todas las personas que necesitaban ser informadas. A lo lejos escuché que llamaba a la aseguradora quien seguramente me ayudaría, pero no al 100%. Mientras más pasaba el tiempo y las llamas disminuían, me daba cuenta de la magnitud del incidente.
Finalmente, las lágrimas cayeron por mi rostro, esa tienda era mi vida, era el recuerdo de mi madre, el recuerdo de un hogar y ahora estaba hecho cenizas ¿Qué haría ahora?
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– Rubí…
Una voz gruesa me llamaba y al girar mi cabeza vi a un muy preocupado Raelus. Parecía que estaba enfrentando a un animal herido que en cualquier momento podría huir…y no estaba lejos de la realidad. Giré nuevamente mi cabeza mirando mi local destruido, no supe cuánto tiempo pasó, ¿cómo podías medir algo así cuando parte de tu vida se había quemado?
– Mi madre se esforzó tanto para levantar este lugar. En ese entonces no tenía historial crediticio por lo que no le querían hacer un préstamo, pero cuando finalmente un banco le aprobó el préstamo a un interés mucho más alto que los demás, no desaprovechó la oportunidad. Ella trabajó día y noche para poder librarse de deudas y darnos un futuro mejor…
– Lo siento tanto…
– ¿Te llamó Catalina?
– Sí…ella solo dijo que estabas en problemas.
– Ya veo…
– Rubí, querida…será mejor que vayamos a casa ¿sí?
– ¿Casa? Yo no tengo casa, Raelus. Y lo último que me quedaba de mi madre se fue con el fuego.
– Resolveremos esto, lo prometo, no tendrás que preocuparte…
– Eso dijeron, no tendré que preocuparme y ahora no tengo casa y no tengo trabajo.
– Rubí-
– No. Necesito tiempo para pensar.
– Claro, vamos a casa y-
– No, hoy no iré a la casa de Caesar.
– Pero Rubí-
– No Raelus. Ustedes dijeron que no me obligarían a nada, que podría hacer mi vida normal. Así que quiero un tiempo a solas. A solas de esto, a solas de todos ustedes, del perro destino que estoy cargando.
Catalina, estaba cerca de nosotros miró la situación en silencio finalmente se acercó y me abrazó. Lo único que hice fue apoyarme en ella.
– Iremos a un hotel, estaremos ahí los días que ella quiera.
Esa voz de mi amiga no aceptaba peros, Raelus guardó silencio y solo soltó un suspiro asintiendo con la cabeza. Me miró nuevamente, como si quisiera hacerme cambiar de opinión, pero no estaba en posición de ver por otros, solo quería lamerme las heridas y que ese día terminara. Qué irónico, hoy salí a trabajar con muchos ánimos y ahora esos ánimos me habían abandonado junto con el proyecto de mi madre.
Raelus soltó otro suspiro.
– De acuerdo, iré a hablar con el policía que atiende tu caso, no te preocupes por eso, nosotros nos encargamos de todo.
Sin esperar a que dijera algo, Raelus se fue y Catalina me llevó con ella ¿A dónde? No lo sabía, sinceramente no estaba en condiciones para poder pensar en otra cosa que no fuera el mío propio. Todo el camino fue un borrón. Cuando llegamos mi amiga me desnudó y me ayudó a tomar una ducha, lloré en sus hombros, me secó, me cambió, me dio algo para calmarme y me echó en la cama mientras ella acariciaba mi cabeza. En todo ese proceso Catalina no dijo nada, ni una palabra, solamente estuvo ahí, ayudándome, apoyándome y eso hizo que nuevas lágrimas salieran en agradecimiento. En el silencio de aquella habitación mis ojos fueron cerrándose poco a poco hasta que todo quedó en oscuridad.
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– …e!
…
– …one!
…
– ¡Perséfone!