Capítulo 25

1579 Palabras
RUBÍ Actualidad Estos días fueron un ir y venir, con Catalina presente tuve que partir mi tiempo entre atender a un Damián que seguía inconsciente y mi amiga que quería salir al jardín y hablar, sobre todo del lugar donde estaba viviendo actualmente. Yo aun no estaba lista para contar todo, no porque no quisiera porque la persona en la que más confío es ella, pero me daba miedo tener que contarle todo y luego ella estuviera en peligro. De por sí, ella ya corría peligro al tener que estar aquí alojada y eso me preocupaba mucho. Estos días Raelus me ayudaba haciéndole compañía a Catalina, quería preguntar, pero decidí no meterme en eso, mi prioridad era Damián y su recuperación. – Fueguito. Sí, ese era el nuevo apodo que Adrián me había puesto cuando “guapa” ya no me molestaba. Últimamente este chico me seguía cada que yo me dirigía a la habitación en la que se encontraba Damián, según él era para hacerme compañía, pero yo sabía que estaba muy preocupado por su compañero, después de todo, él despertó a los días de aquel incidente mientras que Damián seguía dormido. No quería admitirlo y cubría su preocupación con bromas y apodos cariñosos, así que solo por eso le perdonaba su coquetería y su tonto apodo. – Fueguito, me hiere en el alma que no me contestes ¿Adónde vas? Apresuré el paso, ahora me dirigía hacia la habitación de Damián para cambiar las sábanas. – Creo que sabes bien a dónde voy, Adrián. – Vamos fueguito, creo que ya hemos tomado cierta confianza como para solo llamarnos por nuestros nombres. – Bien, ¿Qué te parece gigoló? Es un buen apodo. – Eso me hiere aun más, solo soy amante de las mujeres. – Como sea, estoy ocupada así que distráete en otra cosa que no sea molestarme. – Solo quiero ser de ayuda. Dime ¿Vas a ver a Damián? – Si ya sabes, no preguntes. No necesito de ti siendo un alborotador. – Pero fueguito, te dije que te ayudaría. También pasaba por aquí para ver a mi amigo. – No necesito tu ayuda, gigoló. Ahora si me disculpas debes irte. Damián necesita descanso y tu ruido sol- Mientras intentaba hacer que este chico se fuera abrí la puerta, pero mis palabras se cortaron de inmediato ¿Era un sueño? ¿Mi mente me estaba jugando una mala broma? Frente a mi estaba un muy despierto Damián echado, mirándonos como si él tampoco creyera lo que estaba viendo. La fuerza de mis brazos que tenían fuertemente cogidas las sábanas se soltaron y mis piernas se movieron solas. Corrí hacia la cama y no me di cuenta que mis lágrimas salieron hasta que las sentí correr por mi rostro. – Estás despierto…está despierto. Adrián, llama a la doctora ¡ya! En un intento por ver si era real lo que estaba pasando, tomé el rostro de Damián entre mis manos, su piel seguía fría, como la de un muerto. Cuando lo toqué por primera vez entré en pánico hasta que Raelus me explicó que Damián, siendo el contenedor del dios de los muertos, él por naturaleza tenía la piel fría porque había asumido parte de la maldición que tuvo Hades al estar atado al inframundo. Ahora ya estaba acostumbrada a eso porque habían sido incontables las veces que toqué su rostro, sus manos, para poder asegurarme que estaba aquí conmigo. Esa mirada gris y algo confundida me miraba y yo con eso era completamente feliz. Damián cerró los ojos acercando su mejilla a mis manos y eso solo hizo que mi corazón se derritiera, mi calidez contra su frialdad, buena combinación sin duda. – Ya despertaste, Damián. Varios pasos y una voz gruesa interrumpieron nuestro momento y cuando Damián abrió los ojos supe que era momento de alejarme. Cuando volteé a ver No solo Caesar estaba aquí, sino también Nora estaba a su lado con los ojos llorosos. – Gracias al cielo estás bien, no sabes lo preocupados que estábamos todos. Pasaron semanas para que al fin despertaras. – Se… ¿semanas? Había pasado un tiempo desde que escuché su voz, rota por no haberla usado en todo este tiempo, pero aun con todo eso estuvo bien tenerlo de vuelta. Ayudé con cuidado a un desorientado Damián para que se sentara y le extendí un vaso con agua. – Con cuidado, tu garganta debe estar seca. No solté el vaso y dirigí el ritmo con el que Damián bebía el agua. Se notaba claramente la ansiedad por beber todo rápido, pero eso era contraproducente, su cuerpo pasó tantos días sin comer ni beber que había que tener cuidado con las cosas que consumía. Finalmente, una vez terminado el vaso, Damián le habló a Caesar. – ¿cuánto tiempo ha pasado? – Tres semanas. – ¿Cronos? – …Logré derrotarlo, pero por alguna razón lo vimos en un video vivo, aunque lo dejé cojeando. – Bueno, al menos lo dejaste con lo que él considera una imperfección. No soportará verse. Eso es bueno. Ahora debemos ver el curso que tomaremos. – Damián, recién has despertado. Céntrate en descansar y recuperarte. Puedes quedarte aquí el tiempo que quieras. Vi de inmediato la frustración de Damián al escuchar aquello, lo suponía, pero esto lo confirmaba. Damián estaba acostumbrado a hacer muchas cosas que, ahora en este estado, se sentía incómodo al escuchar que debía descansar. Él mismo sabía su condición porque asintió con reservas. De alguna manera estaba aliviada por no tener que batallar en el futuro para que este guerrero terco descansara. Mi mirada fue hacia Caesar quien se notaba preocupado por su compañero, en estos días vino a visitar a Damián tan seguido como podía y eso se lo agradecía mucho, luego miré a Nora quien me miraba suplicante, le sonreí y ella de inmediato se sentó al borde de la cama y tomó la mano del guerrero, quien, al darse cuenta de esta acción, se tensó. – Gracias, Damián. – ¿Qué? – Muchas gracias por salvarme. – Yo no te salvé. – Ayudaste a Caesar así que es lo mismo. – Es mi deber. Soy un guerrero y debo cuidar las almas divinas. – Damián. No tenías que hacerlo, pero lo hiciste. Tal vez no lo muestres, pero sé en el fondo tienes un buen corazón. Muchas gracias de verdad. Te sacrificaste por mi libertad, por alguien a quien no deberías por qué hacerlo. Damián parpadeó varias veces intentando darle sentido a lo que decía Nora. Yo por mi parte entendía a mi amiga. Nora se sentía culpable y agradecida con mi guerrero, Damián había hecho todo lo posible para salvarla, incluso arriesgando su propia vida. Él y Adrián fueron honorables guerreros que no huyeron y enfrentaron a su enemigo valientemente y eso Nora se los agradecía mucho. Pero al parecer mi tonto guerrero no entendía porque para él era algo natural hacerlo. de pronto recordé las palabras que una vez Raelus me dijo cuando vino a visitar a Damián. – Nora se siente culpable, dijo que está en deuda con él y con Adrián de por vida. Pobrecita, debe estar pasándola mal al ver a Damián así. – Ella no tiene la culpa de nada. Ellos dos hicieron lo que se debía hacer para proteger a Nora. – Raelus, nadie debería sacrificarse, entiendo bien a Nora porque, aunque no fuera mi culpa, también me sentiría mal si yo estuviera en su lugar. – Rubí. Nadie sabe toda la vida de nadie, incluso nosotros como guerreros y compañeros, no sabemos mucho sobre el pasado de todos. Pero debes tener en cuenta que, al elegir esta vida por encima de la muerte, nuestra misión está por encima de nuestros deseos. Nuestra misión es proteger a los humanos y protegerlos a ustedes. – ¿Aún a costa de sus vidas? – Sí. Aún a costa de nuestras vidas y de nuestra libertad. Damián lo sabe, todos lo sabemos. – Bien, entonces. La doctora vendrá pronto a revisarte, no te interrumpimos más. Y Damián…tienes mi agradecimiento por ayudarme en el momento que más lo necesitaba. Cuando quieras, estaré dispuesto para estar a tu lado cuando lo necesites, hermano. Parpadeé ¿cuándo Nora había vuelto a los brazos de Caesar? ¿Cuándo Adrián se acercó tanto como para acariciar la cabeza de Damián como si se tratara de un niño pequeño? – Recupérate pronto, hermano. Tu lugar te está esperando y yo te necesito para evitar meterme en problemas. Me despedí de los chicos y de Nora, cuando volví mi rostro a Damián, lo que vi me dejó conmovida. Damián aun miraba la puerta por la que habían salido los chicos, en su mirada se veía a un niño conmovido a punto de llorar. Tomé su mano sin dudarlo ¿Sería posible que este hombre cascarrabias había sufrido tanto que no estaba acostumbrado a palabras de afecto? – ¿Necesitas algo? ¿Tienes hambre? – Quisiera algo de comer. – Bien, quédate aquí, te traeré algo pronto. Dejé suavemente su mano y salí de la habitación, necesitaba rápidamente ir a prepararle algo para comer. Pronto la doctora vendría y quería estar ahí para escuchar lo que ella tenía que decir sobre el estado de Damián. Mi mente ya estaba planeando la clase de comida que le daría, el tipo de recuperación que le daría. Estaría con él a sol y a sombra hasta que se recuperara por completo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR